Cuatro segundos de mierda (crónicas del sadismo malandro)

No conozco al autor del video, asumo que es la voz de quien escuchamos decir repetidamente la palabra “mierda”, en su sana acepción como expresión de contrariedad o indignación.

En todo caso, no es difícil imaginar lo que sintió el autor del video en esos cuatro segundos en los que toma conciencia de lo que estaba ocurriendo justo sobre su cabeza y sobre las de sus compañeros de protesta.

Ocurrió hoy, 10 de abril del 2017 en Caracas. La llamada Cuna del Libertador.

Desde un helicóptero que estaba sobrevolando los espacios donde se desarrollaban protestas callejeras (Urbanización El Rosal, específicamente), fueron disparadas bombas lacrimógenas hacia los manifestantes.

Por supuesto, la ley es clara: eso está totalmente prohibido. Pero, ¿qué es la ley sino aquella extraña sustancia que no se adhiere bien al cuerpo gubernamental?

La escalada represiva del gobierno no conoce ningún límite: zonas residenciales, centros comerciales, centros hospitalarios, universidades. Todos los recintos civilizatorios han sido profanados por el sadismo malandro que exhiben los funcionarios al servicio del gobierno.

El sadismo malandro no se conforma con contener una protesta. Tiene que atropellar a quienes pueda para evitarla y destrozarla.

AFP

El sadismo malandro no se conforma con contener a un manifestante. Tiene que golpearlo, arrastrarlo y humillarlo.

El sadismo malandro no se conforma con disparar bombas lacrimógenas a distancia. Lo hace a quemarropa si fuese posible.

El sadismo malandro no hace cumplir la ley. Para él, no existe ni ley ni constitución y presumo que ni gobierno.

El sadismo malandro es misógino. Se ensaña con las mujeres usando a otras mujeres como brazo ejecutor.

El sadismo malandro tiene piel delicada como un bebé: puede partirle la cabeza a un diputado de la Asamblea Nacional e incendiar un edificio de un partido político, pero solo ven maldad en los demás.

El sadismo malandro se monta en un columpio y lanza acusaciones a diestra y siniestra escondido detrás de una cámara.

El sadismo malandro también es cobardón. Son correteados fácilmente por cualquier grupo de muchachos enardecidos. Se esconden detrás de togas o uniformes militares.

Desde el segundo 7 hasta el segundo 11 del video hay toda una exhibición del sadismo malandro que quiere meter más miedo desde las alturas.

Porque tienen la convicción de que el miedo es el más poderoso inhibidor.

Pero sin saber que el miedo es, también, un poderoso motivador.

A la mierda el sadismo malandro.

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