Venefuera

En algún momento escribí que hay muchas maneras de no ser original, que una de ellas era apropiarse de algo ya dicho o hecho. Es el caso que me ocupa hoy.

Hace dos días, en medio del estupor de buena parte del planeta por los resultados de un referéndum en el Reino Unido que decidió su salida de la Unión Europea, leí el siguiente tuit:

Tui de Katie Jurek, el 24 de junio

“Brexit”, como casi todos deben saber, es la abreviatura que significa la salida de los británicos de la Unión Europea.

Desde este rincón del planeta llamado Venezuela es difícil comprender la magnitud de lo que implica esa salida. UK es el primer país que decide por el voto de sus ciudadanos la separación del proyecto de una Europa unida, por múltiples razones que hoy son pasto de analistas.

Uno de los argumentos fundamentales de los líderes de la campaña por el “leave” es que los británicos tendrán ahora el control total sobre todas sus decisiones tanto políticas como económicas. El pavor a las oleadas migratorias y sus consecuencias sociales fue otro de los detonantes de la controversial decisión.

Para Europa como ente político supra-territorial, la salida de UK significa también la apertura de una caja de Pandora de consecuencias inimaginables. Por como están los vientos de la política en el mundo, pareciera venir un deslave a lo largo de Europa con miras a buscar “la salida más cercana”.

¿Es el fin, acaso, del proyecto de la Unión Europea?

En lo personal, no lo creo. Sin dudas vendrán momentos de incertidumbre y crisis. Se alborotarán las pasiones nacionalistas y también las independentistas (casos Escocia e Irlanda del Norte, por ejemplo). Estamos en el comienzo del movimiento del péndulo hacia la desintegración, aunque tarde o temprano la reunificación será realidad con nuevas modalidades.

Pero eso es un ejercicio de fantasía política.

A lo nuestro

Venezuela tiene rato “fuera” del mundo civilizado. Desde hace casi dos décadas iniciamos un proceso de desintegración interno y también externo.

Pocos recuerdan que la Venezuela del siglo XXI desarmó el Grupo de los Tres (Colombia, México y Venezuela), así como la Comunidad Andina de Naciones. Buscando nuevas integraciones, quedamos desintegrados del mundo conocido.

La Alba, Unasur, Mercosur y Celac fueron los nuevos sueños de integración que comenzaron con la pata coja de la desintegración previa. Quisimos construir el mundo de cero sin entender que el mundo ya estaba construido y que solo podemos mejorarlo o empeorarlo.

Y lo empeoramos. Al menos en lo que a nuestra parte del mundo se refiere.

De la OEA no hemos salido por el alto costo político y diplomático que tendría para el gobierno. No hay otra razón para seguir perteneciendo a una organización a la que el gobierno insulta cada día. Ni siquiera en su apogeo de popularidad y delirio, Chávez no se atrevió a salir de la OEA ni a plantear referéndum alguno al respecto.

Como niño malcriado, el gobierno venezolano hoy quiere “salirse” del juego que está perdiendo, mientras los demás gobiernos de la región (al menos veinte de ellos) lo están obligando a quedarse, a vivir su derrota y a probar cucharadas soperas de su propia amarga medicina.

En parte también es una venganza de la comunidad. Eso hay que entenderlo.

¿Venefuera?

Sí. Es un juego de palabras para hablar de lo de siempre: del daño hecho al país desde hace dos décadas al que una organización como la OEA recién despierta.

Pero más allá de eso, Venezuela está fuera del mundo civilizado. Y ese debe ser el principal estímulo para entender la magnitud del reto que hay por delante en todos los órdenes: no sólo en lo político, social y económico. También en lo moral, en lo ciudadano, en lo educativo, en lo afectivo, en lo relacional.

Puede ser que nos cueste entender el Brexit y que nos parezcan muy lejanas sus consecuencias, pero vivimos en carne propia lo que es estar fuera del alcance del mundo en muchas aristas de la vida cotidiana.

Tal vez allí nos acerquemos a algunos británicos, en la incertidumbre del futuro que nos espera. Lo que probablemente sienta un joven londinense hoy es una desazón parecida a la que siente un joven venezolano, con los obvios matices de las situaciones.

El futuro es una cortina de incertidumbre que se posa ante nuestros ojos.