LA IRREVERSIBILIDAD Y LA ESPERANZA

Repruebo lo irreversible. Quizas para no perder la elección infinita de cada instante, en cualquier dirección y la posibilidad de cambiar como recurso permanente de supervivencia. Siempre se puede mejorar, superar, volver, transformar y dar esperanzas. Leo en Jorge Luis Borges un sibilino absolutismo de la irreversibilidad. Eso me intriga. Borges la observa, la analiza la descubre, la crea y la juzga. Nos propone recorrer todos los caminos de Ts’ui Pen, leer el infinito libro de arena o asombrarnos con la memoria inagotable de Funes. La paradoja, la irrealidad, los espejos, nadie, cualquiera, un laberinto o la piedra eterna, fueron algunas de sus palabras totalitarias de las que no se regresa. Su irreversibilidad nos transporta más alla de la vida, quizás por un anticipado temor a la muerte o por el deseo de amigarse con ella. Fue un profundo pensador, irónico con derecho, visionario e inspirador de científicos. Con su traje de creativo linguista nos hizo creer que era sólo un escritor, pero por sobre todo, fue lo que supo esconder en cada palabra. Hoy sonríe su engaño desde la "Historia de la eternidad' en cuyo prólogo escribió: "es un artificio espléndido que nos libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo sucesivo" (como quizás fue su vida). Una eternidad que siempre nos dará la oportunidad de reinventarnos para desacreditar lo irreversible.