Carta #30:

A veces nuestras acciones se mueven por nuestros instintos, unas veces el valor, otras la cobardía, otras nos mueve el miedo unas veces eso es malo y otras veces bueno…no quise afrontar la realidad de una simple y llana pregunta, me puse en lo peor y bueno…hubo un tiempo, creo al menos, en el que nos moviamos al mismo paso, llegó la tormenta de agosto y me quedé rezagado, por más que lo intentaba, no te alcanzaba iba a destiempo, tu el pie derecho y yo el izquierdo y me frustraba de mala manera, no lo conseguía y cuando tuve la oportunidad, una de muchas desaprovechadas, con una simple pregunta, la dejé escapar, aún a día de hoy sigo igual, oteando el horizonte como te decía a ti, preguntándome ¿Qué pasa? ¿Cuando acabará? Quizás pienso demasiado, quizás no sea bueno tanto drama.

He cometido errores a lo largo y ancho de mi vida y sigo cometiendolos, no con mala intención, eres pieza de mi puzzle y las piezas además de necesarias hay que cuidarlas pues una pieza estropeada no muestra defectos, sólo los de su respectivo dueño…

Lo pregunto dos veces por duda y dudo porque tengo miedo, miedo a cualquier cosa que no acabe en tu sonrisa, miedo a que algo cambie y no sea para bien. Me pides calma…precisamente tú, mi tormenta…si tu estás bien nada pasa, ésta es otra tormenta distinta, es mía, interior, luchan tormento y decepción, es conmigo y a quien le debo yo mi explicación, quedar en paz con uno mismo, no sólo haber hecho lo correcto, sino sentirlo así, al menos en ese aspecto…nada más por ahora mi Rosa Cherokee.

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