Roadtrip: La Rioja (parte 1)
A principios de Agosto mi hermana me propuso hacer un viaje de parejas, ella y su novio y yo con el mío. ¿El destino? La Rioja.
Fui sin grandes expectativas, lo único que me motivaba era viajar, alejarme de la ciudad un rato y divertirme con personas que quiero. Fui con el prejuicio de que Chilecito, Famatina y otros pueblos de La Rioja no tenían nada más entretenido que una plaza, una Iglesia y tierra roja.
Me había olvidado de las clases de Geografía que explicaban la multiplicidad de paisajes que conviven en esta provincia: la Cordillera de los Andes, los campos de olivos y uva torrontés y los cañones del Talampaya.
Cuando cruzamos la frontera y mi celular perdió la señal por completo empecé a apreciar lo simple: atardeceres en la ruta, kilómetros y kilómetros de naturaleza pura, animales que se cruzan en la ruta con total libertad, minerales que forman arcoíris en las montañas.

El viernes llegamos a Chilecito, la segunda ciudad más importante de La Rioja con tan sólo 30 mil habitantes. Fuimos al bar de moda, al frente de la plaza por supuesto, y escuchamos una banda en vivo con amplio repertorio que iba desde Piazzola hasta Luis Miguel.
Al otro día, nos levantamos antes de la salida del sol. Habíamos contratado una excursión a Laguna Brava. El recorrido en 4x4 tardaba 12 horas y dejaba a la luz el encanto de lugares inhóspitos, bellezas escondidas en la montaña que son disfrutadas únicamente por alpacas, guanacos, cóndores y algunos turistas que se animan o se enteran de este atractivo.

Laguna Brava está ubicada en la Cordillera de los Andes a 50 kilómetros del paso fronterizo con Chile. Para llegar hasta allá tuvimos que pasar las Sierras de Famatina y la Cuesta Miranda. De las sierras rojas, teñidas por la cantidad de hierro y pulidas por la intensidad del viento Zonda a la alta montaña cubierta de nieve y sin nada de vida alrededor.
Se pasó el día viendo la maravilla de un Parque Provincial que tiene como protagonista una laguna congelada de 13 kilómetros que durante el verano es visitada por flamencos, y durante el invierno el acceso se hace difícil por las bajas temperaturas y los 4 mil kilómetros de altura sobre el nivel del mar, pero que vale la pena aguantarlo. Volvimos viendo el sol que se ocultaba en los Andes y la noche que cubría los miles de cardones sobre la ruta.
