Aquella casa lejana.
Porque no todo es lo que parece y menos una casa lejana.
Solitaria mañana, aire, olor a humedad y madera, combinan el aroma de un frio cafe que espera en la cocina de aquella casa lejana. Era una de esas casas donde llegar hace bien, y pasar frente a ella era el despertar de un deseo desconocido pero amable. Desde lo lejos uno podia sentir su presencia y su rechazo, pero aquella mañana todo fue diferente.
Eran las 11:00 am, en las noticias del canal local no hablaban de otra cosa, la noche anterior había sido un caos y al parecer nadie volveria a ser igual. Mirando por la ventana note que los vecinos ya no habían sacado la basura, la señora del frente no barria su vereda, el basurero del pueblo no paso a recoger nada y todo el olor que aquella casa lejana nos brindaba, se había convertido en un sueño que parecia la historia de algún abuelo que sentado en la mesa de domingo, junto a su soda de sifon, se ponía a relatar.
Entre medio dormido y despierto me propuse retomar esa maldita rutina de la que no me podia despegar, mientras encendía mi computador y ponia a calentar el agua, un ojo seguia dormido y los dientes se sentian ásperos, pero era mi mañana mas natural y de alguna forma nada estaba saliendo mal, era como yo lo entendia, era mi reflejo que no mentia, era mi realidad. En el fondo las noticias seguian detallando victimas, los gritos de al parecer madres desarmadas se desangraban ante el llanto de “Porque dios!!! donde estan!!”, pero como ya era de costumbre este tipo de historias, no supuse o no me anime a creer que algo de todo esto podria ser distinto, ya todos sabiamos que al pasar el tiempo, todo siempre aparentemente se olvidaba, y que era facil reemplazar.
Todo transcurría en una pequeña localidad, una de esas donde para llegar a la unica Plaza Central - Gobernador Alberto Martinez, había que recorrer algunas diagonales de tierra, cruzar algun semaforo apagado y algo oxidado que siempre quieto, detenia coche a coche, noche a noche, la mirada del basurero re pintado de colores primarios que nunca nadie queria visitar. Era un pueblo de setesientos metros de largo, con mucha tierra en sus veredas y arboles con formas de pelotas verdes y es por esto, que la casa lejana era lengua popular, porque no parecia pertenecer al pueblo, tenia paredes verdes algo oscuras, manchadas de humedad, puertas y ventanas resecas por la lluvia y un techo de madera rojo sangre con un amplio ventanal.
Mi cocina tenia una pequeña ventana de esas donde tenemos que reclinarnos un poco para poder espiar, solo una puerta nos invitaba al comedor central donde de ahi, o salimos de casa o junto a la pared norte la escalera nos llevaba al primer piso, el piso donde me dedicaba a dormir, pensar, al fondo el baño y a su derecha una pequeña cueva que no tenia títulos ni formas, ahi quedaban año a año las cosas que nunca me terminaban de enamorar, esas cosas que no sabemos si estan rotas pero ya no son lo mismo que cuando las fuimos a comprar.
El cafe estaba contagiando al aire y poco a poco podia notar como mi corazón seguia el ritmo popular, la duda de que estaba pasando no me tenia tan preocupado, por eso es que me invite a caminar, pero primero tenia que ir a tomar de mi vieja y pequeña algo amarillenta heladera el papel que decía lo que me correspondia hacer ese dia, ese dia parecido al ayer, indiferente al mañana, para luego poder si aceptar mi invitación sin remordimientos, porque no me gustaba llegar a la almohada y tener cosas que explicar.
Punto numero 1: Llamar a casa y preguntar a mi madre como están todos por ahi, luego como siempre, llamar a mi abuela para preguntar como estaba ella haya, después leer algunos emails, mandar algunos mensajes y asegurarme de que todo seguia basicamente, como ayer. Punto numero 2: Imaginar las respuestas del punto numero uno, pero haciendo que las respuestas sean las contrarias, y asi, estudiar como mi estado emocional juega conmigo, ver si soy capaz de mentirle y si el es mas inteligente que yo y puede reconocer cual de las dos, es mi verdadera realidad. Punto numero 3: Seguir mi dia, haciendo lo que corresponde, pero manteniendo el estado emocional contrario, actuando segun el, respondiendo como lo haria el, sufriendo sus consecuencias, sin contarle a nadie, ni a mis amigos, vecinos o familia, que todo se trata dia a dia, siempre, del estado emocional contrario, forzado a una vida paralela, algo asi como una vida, que busca en las respuestas, mas caras posibles ya que no se conforma con que todo, tiene que ser siempre, como lo encontramos, dia a dia, al despertar.
Es entonces cuando ya los gritos de las madres, pasan a ser alegria, mi orden del dia se hace religion, y no solo las cosas que debo hacer son mi dios, tambien esta el cafe que decora el lienzo donde pájaros cantan olvidando que algun dia, todo lo olvidaran. Las noticias del dia son parte del decorado, mi ventana de incomoda que era, pasa a ser complice mas bien ajena de un pensar desconocido, mi madre despues de varias horas de charla me deja en claro que estan todos bien, mi abuela me llamo para ver como estaba, difícil punto para comentar ya que si fuera que “el estar”, fuera algo que “se ve”, seria sencillo, tendríamos claro cuales son las cosas que de la estantería, están de mas, pero con la respuesta simple, abuela esta todo bien, podíamos asi seguir el dia sin mucho mas que profundizar.
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