Crítica: Nebraska (2013) Dir. Alexander Payne

Reseña publicada originalmente el 16 de Septiembre de 2014 en bolsadetrabajoencineyafines.blogspot.com

En épocas en donde el tiempo es dinero y la inmediatez es el estilo de vida de casi todos, siempre es necesario un viaje para aclarar los pensamientos. O quizás esa es la sensación que queda patente después de ver Nebraska.

Distribuida en Argentina por Sony, Nebraska se hizo esperar para ser estrenada en los cines argentinos. Caracterizados por ser más propicios para los estrenos comerciales que para una película realizada íntegramente en blanco y negro. Y justamente esta estética de nostalgia hace que el director Alexander Payne se diferencie del resto al retratar otra “Road movie” entre padres e hijos.

Partamos de la base de que Nebraska no es película para todo el mundo. La decisión artística de ser filmada en monocromo y su ritmo pausado hacen que salga perdiendo en cuanto a promoción y taquilla frente a los gigantes de la acción. Algo que seguramente se tuvo en cuenta al organizar el calendario de estrenos.

Nebraska cuenta la historia de Woody Grant, un anciano con problemas de alcoholismo y en plena decadencia física y mental interpretado por el versatil Bruce Dern (mejor actor en el festival de Cannes por este papel), que junto a su hijo menor David (sólida interpretación de Will Forte) emprenden un viaje desde su pueblo en Montana hasta al estado de Nebraska para cobrar un supuesto premio de un millón de dólares.

Evidentemente este premio es una farsa. Como se encarga de hacérselo entender su irritable esposa (la veterana June Squibb) acompañada de casi cualquier persona que lo rodea.
Pero nada puede hacerle cambiar de opinión a Woody, que toma este viaje como una razón más por la que vivir en el ocaso de su vida.

Desde ese momento la sucesión de paisajes junto a la maravillosa banda sonora de Mark Orton, llegan a tomar total protagonismo de este viaje por las profundidades del medio oeste de los Estados Unidos, realzando aún más la dirección de fotografía y la bella puesta en escena.

El estilo con el que se retrata la llamada “fauna de carretera” hace recordar por momentos a películas como “Historias Mínimas” de Carlos Sorín o “Las confesiones del Sr. Schmidt” del mismo Alexander Payne, por como refleja las siempre difíciles relaciones entre padres e hijos.

Durante el trayecto a Nebraska, los problemas con el alcohol del viejo protagonista los obligan a tener que alojarse en la casa de su hermano en su pueblo natal. Y rápidamente la noticia de que están en camino a recibir un premio millonario causa furor entre los lugareños, que entre felicitaciones y reclamos de viejas deudas hacen de Woody la sensación del lugar. Mientras que su hijo David intenta aclarar que todo es una confusión, antes que de que el delirio de su padre se les escape de las manos.

Will Forte, más conocido por sus papeles en comedia, logra representar de manera muy creíble al modesto David, viéndose en ocasiones superado por la conducta senil de su padre. Pero por el que también siente pena y por esa razón intenta acompañarlo en su fantasía.

A su vez el personaje de Bruce Dern llega a generar una gran empatía, mostrándose algunas veces vulnerable pero decidido a reclamar el premio que él considera que merece.

Por último hay que destacar la actuación de June Squibb personificando a la irascible esposa de Woody y su hijo mayor Ross interpretado por Bob Odenkirk (Breaking Bad, SNL) que completan el elenco principal como los mayores críticos de la conducta del desmejorado padre.

Nebraska describe una temática, que a pesar de no ser original, cumple con una excelente narrativa al contar esta pequeña historia con toques de humor entre absurdos y cínicos.Sin olvidar la música que toma un papel preponderante acompañando la travesía de estos personajes que tranquilamente podrían ser parte de cualquier círculo familiar.

Porque si lo que se está buscando es una buena historia, notables interpretaciones y una hermosa dirección de fotografía, solo queda dejarse llevar y emprender este emotivo y melancólico viaje hacia Nebraska.

Por Nicolás Feldmann