Disparo al arte

La venta de fotografías a prostíbulos y páginas web es ya una práctica extendida entre el gremio de fotógrafos de Alicante

Página web de AlicanteHot|Nikol Petkova

P ara fotografiar es preciso algo más que disparar: hay que poner el ojo, el corazón y la cabeza en un mismo eje. Si la pasión por lo que se hace es auténtica, los dos primeros seguro que están. Pero, actualmente, falta mucho del tercer requisito en varios de los profesionales de la fotografía. Y pierden. Pierden ellos y pierde el oficio.

Ya son varios los casos denunciados en Alicante por venta y difusión de fotografías sin consentimiento. Esta práctica ha dejado graves consecuencias a uno y otro lado de la cámara: ha sembrado desconfianza hacia los fotógrafos que, como el alicantino Kevin Storm optan por fotografiar situaciones reales e íntimas y, además, ha dejado secuelas en las modelos que, igual que para Olivia Álvarez, son ya irreparables.

Confianza como base

La venta de fotografías sin consentimiento, y a veces incluso con él, afecta muy de lleno a la profesión; crece la desconfianza hacia los fotógrafos y les cuesta mucho lidiar con esa traba. Kevin Storm confiesa lo arduo y delicado que es actualmente conseguir una sesión de fotos sin que surja ningún tipo de sospecha en el camino: “Yo lo entiendo. Hay un límite en la confianza y algunos piensan que se la pueden saltar si les da la gana”, comparte el joven fotógrafo.

“Hay un límite en la confianza y algunos piensan que se la pueden saltar si les da la gana”, sostiene Kevin Storm

Existe un caso muy famoso protagonizado por el polémico fotógrafo Terry Richardson y la modelo española con mayor repercusión internacional, Minerva Portillo. Se trata del camarógrafo mejor pagado del mundo y también del punto más álgido en la carrera de la modelo. Fue por eso que visitó uno de los estudios del artista, nada como una sesión con Richardson para reventar el currículum.

Previamente a la sesión, ella firmó un contrato cediendo todos los derechos del material. Además, cualquiera que se ha puesto ante el objetivo de Richardson sabe que se expone a una parte muy personal y tiene total conocimiento de que se puede generar un contenido sexual muy explícito. Cuando él publicó las fotos en distintas páginas de la red, Portillo interpuso denuncias pero, en realidad, tenía todas las de perder. Había un contrato de por medio que acordaba, mediante su firma, le cesión de los derechos.

La fotografía ha pasado de ser un arte complejo a ser una técnica casi al alcance de cualquiera|Cedida por Kevin Storm
Cuando hay un convenio que atestigua la voluntad de las dos partes, es complicado: uno ha superado las fronteras de la confianza de otra persona que bien sabía a qué se exponía.

Storm cuenta que es un caso complicado porque uno ha sobrepasado los límites de la confianza que otra persona le ha otorgado y la otra ha firmado un papel donde se indicaba a qué se exponía. Pero incluso en estas condiciones, no es excusa: “Yo, como fotógrafo, conozco los derechos que puedo rebasar de una persona”, postula el artista alicantino. Esta, sin embargo, no es la situación que sufre la joven alicantina Olivia Álvarez. El suyo es un asunto donde el mismo Storm anima a “interponer todas las denuncias que sean necesarias”.

Al otro lado del objetivo

“Yo llevo 5 años en este universo y hasta el momento no me había pasado esto”, comparte la joven modelo. Después de visitar varias agencias, después de trabajar con muchos fotógrafos y después de subirse a alguna pasarela, hace dos semanas, Olivia Álvarez comenzó a trabajar para el proyecto de un fotógrafo valenciano. Y tan pronto como empezó, lo terminó. Quedaron, el artista plantó un contrato que cobijaba todos los derechos de imagen y privacidad de la joven, hicieron el shootting y recogieron.

Sólo cinco días más tarde las fotos ya habían visto la luz: “Mis amigos me pasan una captura de pantalla de una página web de contactos en Alicante con las fotos”. La chica de la página se llamaba Jessica, tenía una boca “súper sensual” y era idéntica a la modelo Olivia. La joven interpuso una denuncia a la página y otra al fotógrafo que, hasta el momento, no ha aparecido.

“Me exponen a un nivel que no he consentido y me siento violada”, manifiesta Olivia Álvarez

Pero el daño ya está hecho. Muchos jóvenes de Alicante siguen difundiendo la noticia y otros tantos creen que la adolescente se prostituye. “Es paradójico porque, normalmente, uso mi imagen para vender algo pero yo pongo los límites. En este caso me venden a mí exponiéndome a un nivel que no he consentido y…me siento violada”, añade Olivia.

El papel de la ley

Las autoridades confirman que se trata de una práctica cada vez más extendida en la provincia de Alicante y que ya son varios los casos denunciados. “Se trata de un delito contra la intimidad y se pena de tres meses a un año de cárcel o sustituible por multa”, afirman fuentes de la Policía Nacional de Alicante. El delito podría elevarse si el investigado no aparece y podría hasta considerarse un crimen si el historial del fotógrafo es, más que profesional, delictivo: “Podríamos estar incluso ante un crimen si son ya varias las veces que el investigado ha procedido de esta manera con el objetivo de obtener alguna ganancia”.

Actualmente, en un mundo tan visual, nuestro cerebro es capaz de procesar un millar de imágenes al día descartando y archivando de manera selectiva. Por ello, a pesar de los varapalos propinados a la profesión, los fotógrafos como Storm insisten en mimar su imagen.

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