Lo que me da el feminismo

¿Eres feminista? Foto tomada de aquí

Nota preliminar: no empecé mi trabajo como aliado feminista porque supiese que podía obtener beneficios de ello. Lo hice -MUY IMPORTANTE- por la razón por la que entiendo que todo varón cisgénero debe hacerlo: para apoyar la lucha contra el heteropatriarcado y por las personas -esencialmente mujeres, claro- que reciben su opresión directa. Como he aprendido de mis compañeras, es gracias al feminismo -y no al«igualitarismo» ni al «humanismo»- que podremos conseguir una sociedad más justa e igualitaria, en la que ninguna persona sea oprimida por razones de género.

Aunque dentro del sistema heteropatriarcal los varones cisgénero somos privilegiados y sujetos de opresión aquél también nos afecta negativamente a nosotros; la masculinidad hegemónica normativa nos constriñe y nos somete a una serie de normas atroces de socialización. Después de mi trabajo personal a través de la terapia psicológica y mediante la introspección y mi formación feminista puedo decir con seguridad que gran parte de mis problemas personales se debe directa o indirectamente a esa socialización que el patriarcado pretende y espera de los varones cis.

Afortunadamente para nosotros, si bien el feminismo lucha principalmente por la liberación -teniendo en cuenta el concepto relativo de «libertad» dentro de una sociedad capitalista, y siempre con matices- y el empoderamiento de la mujer, también beneficia enormemente a los hombres. Repito conceptos, pero nunca está de más: no podemos ni debemos en absoluto ser objetivo prioritario del movimiento -nosotros no sólo estamos ya “liberados” sino que somos privilegiados y opresores por definición-, pero éste nos hace mucho bien. Para que luego digan que las feminazis nos odian.

En mi caso particular, además, este hacernos bien se vio fortalecido al haber empezado mi alianza feminista casi al mismo tiempo que mi curro en terapia, del mismo modo que éste influyó muy positivamente en aquélla. La combinación maravillosa de ambas cosas me ha llevado a quien ahora estoy siendo, me ha dado herramientas y recursos para estar y hacer mejor y como resultado soy -en general- todo lo feliz puedo ser.

El feminismo me da cosas geniales:

  • Autoconocimiento y deconstrucción personal. Parte importantísima de la labor como aliado feminista es repensarse y revisarse para sobre todo ser más consciente de nuestra posición en nuestro contexto social y de actitudes y comportamientos machistas que invariablemente todos tenemos debido a nuestra crianza bajo el paraguas del heteropatriarcado. Parejo a este proceso de autoevaluación se hace necesaria una deconstrucción de la propia persona para corregirnos y hacer feminista el espacio que tenemos en la sociedad. El mirarnos y trabajarnos es un proceso que irá cambiando con el paso del tiempo, pero que nunca acaba; tenemos enraizadas muy profundamente una gran cantidad de cosas que hemos naturalizado y sobre las que tenemos que currar.

En mi circunstancia personal, la deconstrucción producto de ser aliado feminista va de la mano de la deconstrucción particular que exige mi terapia psicológica y se refuerzan mutuamente. Así, ciertas herramientas que he aprendido a usar en terapia me han sido mucho más fáciles de asimilar gracias a pensarlas desde el feminismo. Lo que el autoconocimiento y la deconstrucción personal suponen para mí va más allá de ser base de mi trabajo como aliado: me dan vida.

Hey, nena. Aplastemos el patriarcado. Foto tomada de aquí
  • Mayor autoestima y mejor autoconcepto. Un pilar fundamental de mi terapia es el refuerzo de la autoestima y la consecución de un autoconcepto -mi imagen de mí mismo- positivo y realista. Cuando te involucras en el feminismo y eres consciente de que estás apoyando un movimiento que lucha por una sociedad verdaderamente igualitaria y mejor es indudable que te sientes estupendamente contigo mismo, que te quieres más y te quieres bien. Lo orgulloso que me siento de mi trabajo como aliado es otro refuerzo añadido.
  • Un modelo diferente y mejor de ser varón cis. Ciertas voces consideran que el concepto nueva(s) masculinidad(es) es un absurdo, pues entienden que en todo caso habría que borrar completamente el concepto masculinidad(es). Quizá hablo desde el sesgo por privilegio y género, pero me posiciono en favor de la posibilidad de deconstruir y trabajar sobre la masculinidad hegemónica normativa para ejercer como hombre cis de otra manera: siendo responsable de mis emociones -algo que refuerzo con la terapia psicológica-; practicando y asumiendo igualmente la responsabilidad en el cuidado de las personas de mi entorno; repensando activamente mi sexualidad, cómo la asumo y cómo la practico; trabajando activamente sobre las relaciones de poder que establece el patriarcado; desterrando de mi ser conceptos como hombría o virilidad, que derivan irremediablemente en la homofobia y la misoginia y que tienen como base el rechazo y el odio hacia todo lo que tenga que ver con la mujer y/o lo femenino que el heteropatriarcado nos impone a los varones cisgénero; huyendo de prácticas eminentemente masculinas -dentro de la heteronorma- que nos dañan a nosotros mismos y a otra gente, como la violencia… En definitiva, cambiando toda una serie de roles de género que no sólo refuerzan relaciones de poder que oprimen por encima de todo a las mujeres sino que en último término también nos afectan negativamente a nosotros.

Siendo y haciendo varón cisgénero desde esa otra manera me siento muchísimo más contento y a gusto y muchísimo más libre -una libertad siempre relativa, no nos olvidemos-; libre no únicamente porque procuro cambiar lo que me jode a mí sino, y lo más importante, porque me replanteo y lucho contra mi condición de opresor; por desgracia, “sólo” hasta donde la propia condición y el sistema que la ampara me permiten, eso sí.

  • Más espíritu crítico y capacidad de análisis. Viene dado más que nada por la evaluación a mí mismo, claro, pero también por la lectura y formación en feminismo(s); leyendo y contrastando opiniones y corrientes diversas el músculo de la crítica se ejercita.
  • Las gafas violetas. Una vez que te las pones no te las puedes quitar, y aunque muchas veces te haga ver cosas terribles, mirando el mundo a través de ellas eres muchísimo más consciente de las cosas, te implicas más en la lucha e intensificas el análisis y la crítica de todo.
El feminismo es para todo el mundo. Foto tomada de aquí
  • Una puerta de acceso a otros activismos. Gracias a cómo me ha abierto los ojos y la formación continua en el tema, el feminismo me permite ser más consciente de la manera en la que se configura la sociedad en la que vivo: las clases sociales, que aunque algunos sectores se empeñen en dar por superadas desde luego que todavía existen; cómo funciona el capitalismo; la desigualdad entre razas Esta toma de conciencia supone a su vez un deseo por trabajar también en otros frentes, deseo impulsado y modelado por mi activismo feminista.
  • Repensar y revisar mi activismo poliamoroso. Entiendo, hago y soy desde y hacia las relaciones no convencionales, y si bien desde el principio las concibo partiendo de la base de la deconstrucción y el trabajo para desprenderme de lo más nocivo y peligroso del amor romántico mi postura como feminista refuerza todavía más esto y me ha permitido reflexionar a través del trabajo de compañeras; apunto sobre todo a lo que sobre relaciones no convencionales nos enseña Brigitte Vasallo, que hace hincapié en una política de cuidados aplicada a las no monogamias y que exhorta a alejarse de prácticas mercantilistas en el querer.
  • Gente maravillosa con y por la que luchar. Personas que me enseñan y me escuchan; personas que me acompañan y me dejan acompañarlas; personas que me cuidan, me protegen y que confían en mí. Personas por las que merece la pena. Personas que me emocionan y me dan vida.

No entré en el feminismo preguntando qué podía hacer el feminismo por mí, sino qué podía y debía yo hacer por el feminismo, y resulta que al final ha hecho todo eso. El feminismo es de lo mejor que me ha pasado en la vida.

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