El Arte de Facilitar procesos de Aprendizaje

Como titulamos este breve escrito, facilitar procesos de aprendizaje, representa un arte que debemos aprender y desarrollar. Siempre que tengamos que coordinar o facilitar grupos o equipos de trabajo, debemos asumir, elaborar y procesar ciertas realidades, a las que llamamos “la complejidad del fenómeno grupal”. En este proceso, siempre entran en juego una serie de factores como ser la historia propia, las diferencias culturales, sociales, afectivas, etc., de cada una de las personas que componen el grupo. Esto implica “ser conscientes de la heterogeneidad”, algo que muchas veces pretendemos negar, pues pensamos y creemos que todos somos iguales. A esto debemos sumar, el contexto en el que se realiza la intervención o la coordinación de un grupo, por ejemplo, si éste tiene una motivación en relación al trabajo, al estudio, a un emprendimiento social, a una motivación de tipo religioso entre otras. Son muchos los factores que intervienen y es bueno tenerlos en cuenta, reconociendo que es imposible enumerar todos éstos, en un pequeño espacio como éste.
Un factor que a los facilitadores o coordinadores nos ayuda mucho a la hora de asumir compromisos que implican liderar grupos, es el conocimiento de nosotros mismos. Esto significa, ser conscientes de la manera en que nos afectan ciertas cosas, ciertas actitudes o comportamientos de las personas con las que trabajamos, de manera a no perdernos en el proceso, muchas veces, por una pérdida de lo que llamamos “presencia”, tema sobre el que escribiremos en una próxima entrega.
Como otros recursos, debemos además tener en cuenta aspectos que hacen a la comunicación, buscando que ésta sea abierta, clara, fluida, creando y generando condiciones de aprendizaje que permitan que las personas se sientan cómodas, libres, no observadas y juzgadas. Así, las personas pueden ser ellas mismas, dejando de lado ciertas máscaras y actitudes que les impiden mostrarse como en esencia son. Es importante que la tarea de facilitación desencadene procesos que permitan que las personas se comporten con naturalidad, con espontaneidad, con libertad. Todo esto, alimenta además un valor fundamental que caracteriza a los espacios de aprendizaje, de creación e innovación: la confianza.
Es conveniente además, saber y reconocer que como una situación inherente a los vínculos humanos, a los procesos de intervención en la realidad, con frecuencia aparecen conflictos. Así como es bueno reconocerlos cuando aparecen, es conveniente aceptar que los conflictos, no siempre se resuelven. Muchas veces tenemos un pensamiento mágico, una creencia culturalmente instalada que nos lleva a creer que todos los conflictos se resuelven. No necesariamente es así y una manera de enfrentarlos es asumirlos, clarificarlos, no negando su existencia, su importancia y la manera en que ellos afectan a las personas que intervienen en un grupo y al grupo mismo. Se debe hablar de aquello que incomoda, que crea fricciones, que existe, que está sumergido y actúa de modo que todos sienten su presencia, aunque nadie se anima a nombrarlo. El abordar los conflictos es una de las maneras de ayudar a resolverlos, dando a cada tema, a cada situación, el lugar y la importancia que tienen. Los conflictos muchas veces generan tensiones, éstas no son malas en sí mismas y depende de cómo las abordamos para que se vuelvan positivas o negativas.
Otra situación que requiere respuesta cuando hablamos de procesos de aprendizaje, es lo referente a la relación que existe entre el compromiso y la motivación del grupo con el aprendizaje y los consiguientes logros de los objetivos grupales. Siempre éstas son dos variables que están relacionadas. Si no existe motivación en una persona, en un grupo, es muy difícil — por no decir imposible — que se produzca el aprendizaje. Cuando alguien no está motivado, se ausenta del proceso, no interviene y puede ser que esté físicamente, ocupando un lugar en el espacio, pero corporalmente esta disociado, no tiene presencia. Y en esa condición no se producen aprendizajes, no se sintoniza con el grupo y con los objetivos o motivación que en el grupo existan. Y ello implica en cierta manera también entender que es importante un compromiso personal, consigo mismo primero y luego con el grupo, en cuanto a la decisión de arriesgar un aprendizaje, una vivencia al interior de un grupo, lo que significa a la vez la construcción del sentido de pertenencia al grupo, a la organización. Estos son factores sobre los que en general, el facilitador tiene pocas condiciones de intervenir o modificar, salvo, guiar en el relevamiento de las situaciones que están presentes en el grupo, y que demuestran las motivaciones y compromisos que habitan en cada uno.
Finalmente, se entenderá, según lo manifestado, que la tarea de facilitar procesos grupales, conlleva desgaste y stress personal. De ahí, la necesidad de abordar lo relativo al cuidado personal de los líderes, los facilitadores, para no desgastarse tanto con los problemas de los diferentes miembros del grupo. Aquí insistimos en la importancia del cuidado de si mismo, la importancia del trabajo personal, consigo mismo, de los facilitadores. Implica trabajarse intelectual, afectiva, emocional y espiritualmente, conociéndose y dándose el tiempo y el espacio para el encuentro consigo mismo. Cada vez se habla y se insiste más a cerca de la necesidad de que cada persona se de tiempo para encontrarse cotidianamente consigo mismo, con sus vivencias, con sus experiencias más profundas, amándose, respetándose y cuidándose. Ello ayuda mucho a conocerse, a saber sus límites y entender cuando y cuanto puede involucrarse con problemas del grupo, sin perder por ello su propia identidad, su propio espacio personal. La meditación es un recurso significativo en esta búsqueda personal, tema sobre el que mucho se ha escrito y tiene innumerables posibilidades de abordaje, dependiendo de las escuelas espirituales o filosóficas que la promuevan.
Creemos que puede entonces quedar claro, luego de este rápido recorrido por algunos de los factores que intervienen en los procesos grupales, que facilitar los mismos, requiere de algún modo, de un arte especial para administrarlos y desarrollarlos.
Jorge Talavera