Detrás de las letras

Hace un par de semanas tuve una sesión intensa de terapia; primero, porque ese día mi terapeuta me dijo: “es momento de comenzar a cerrar este ciclo” (el nuestro); y segundo, porque la conclusión fue desencadenada por una serie de hechos relacionados con mi escritura.

Mi terapeuta dice que la manera en que logré lidiar con todo eso que viví de niña fue escondiéndome detrás de las letras. Mi compulsión por la lectura y la escritura empezó justo después del infierno y la locura. En medio de ese caos, en medio de la pesadilla diaria, leer y escribir fue mi remanso, mi lugar seguro, mi tabla de salvación. Pero yo no usé las letras para asomarme, para exponerme, para darme. Las usé para esconderme. Así me convertí en lectora ávida que nunca habla de lo que lee, poeta anónima, escritora prolífica sin un solo lector más que yo misma. Más tarde, cuando comencé a vivir de escribir, me transformé en “la redacción” que firma tantas notas de revista, blogger con pseudónimo, redactora con el username del editor (que parezca que él escribió todo, qué chingados), ghostwriter de la chica del momento, el “admin” autor de las notas de decenas de sitios web.

Después de un largo y doloroso proceso, ya decidí salir de mi escondite para convertirme en la mujer que escribe éstas y muchas otras palabras. No más textos huérfanos. No más posts sin crédito. No más trabajos en los que otros son dueños de lo que escribo. No más palabras anónimas: son mías, de nadie más.

Like what you read? Give Ollin a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.