Lo rosa

Esta tarde, mientras estaba en una librería de viejo, ha entrado una mujer joven con tres niñas a comprar libros para ellas. Mientras hablaba con el librero, las niñas se han ido derechas a un libro grueso, de color fucsia satinado y brillante que había expuesto en una mesa, atraídas por el color. Se arma cierto revuelo y oigo cuchicheos y un hala. Es la Erotica universalis de Taschen. Luego he visto que la imagen de cubierta es un hombre que, de pie, levanta a una mujer sujetándola por las caderas y, con las nalgas de ella apoyadas sobre su torso, le hace un cunnilingus nada timorato.

La mayor ha repetido no menos de seis u ocho veces, dos de ellas dirigiéndose directamente a la adulta (que la miraba con cara de póker), «pero quién puede querer comprar un libro como ése». Pero como si el libro tuviera su propia atmósfera gravitatoria, no dejaba de orbitar alrededor de él, y siempre que podía se escapaba junto con las otras niñas para verlo. Estaban fascinadas, revoloteando como moscas alrededor de la miel. «Te enseña posturas» ha dicho una, muy bajito.

La mujer joven las ha justificado ante el librero: es que todo lo rosa les llama la atención.

— Pero el título está en latín. Hay que saber latín —ha dicho la mayor.

— Eso es lo que hay que saber con ese libro: latín —ha apostillado el librero, y la señora se ha reído.

Han comprado libros de Kika superbruja. A la salida de la librería les ha dicho las niñas: «no le digáis a papá y mamá que habéis visto el libro rosa, que si no no os vuelven a dejar salir conmigo». La mayor ha repetido por enésima vez : «pero quién puede querer comprarse un libro como ése». Me pregunto cuánto tiempo seguirá pensando en este libro —si pensará en él esta misma noche cuando esté sola en la cama— y cuánto habrá influido, quizá sin que ella llegue a ser consciente nunca, en su imaginación.

Ay, cómo nos gusta lo rosa.

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