Discurso “Los Soprano”

“Hombre al que la gente quiere, sabiéndolo despreciable”, así define la audiencia a Tony Soprano, protagonista de un clásico que marcó la historia de las series de televisión. Ésta obra audiovisual transmitida en HBO entre 1999 y 2007, atrapó con sus seis temporadas la atención de toda la audiencia norteamericana y avivó en el mundo la curiosidad de conocer a los personajes más reales y cuidados que la crítica ha podido analizar.

Una historia cargada de violencia y drama nos muestra la vida de un mafioso de Nueva Jersey que acude al psiquiatra y expone en el diván los altibajos emocionales que hasta los más duros suelen tener cuando las cosas se salen de control. El éxito de Los Soprano se le atribuye a la identificación y conexión que desarrollaron los televidentes con cada personaje. Aunque agresivo, violento e irrespetuoso, Tony Soprano despertó la simpatía de muchas personas e impulsó la figura anti heroica del protagonismo en la época.

Se destaca el contexto de la vida familiar: los problemas, las carcajadas en el desayuno, los reclamos altaneros y hasta las borracheras de papá. A lo largo de ésta majestuosa producción televisiva se condensa en el día a día de los capítulos la simplicidad del hogar, la normalidad, la fachada y la sala de estar que todos conocen, a la vez que entre voces y bajo la mesa se esconden las inquietudes, la frustración, y la inconformidad que sería un pecado verbalizar. El papel de las mujeres también es digno de ser mencionado, pues se encuentran subordinadas al poder de un hombre, quien siempre está conforme sabiéndolas bajo su dominio.

La esencia de su trama es que la realidad nunca es tan simple, ningún hecho está aislado, no somos buenos o malos: somos una mezcla de emociones dormidas que despiertan al percibirse vulnerables ante las situaciones que en la vida nos adversan. Todos estamos marcados por nuestras historias, y basta con mirar por el retrovisor para entender lo que somos y lo que queremos ser.

La dualidad que se manifiesta en éste líder del crimen organizado llamó la atención de la sociedad. El hecho de querer una vida feliz junto a su esposa Carmela y sus dos hijos, sin apartarse de su otra familia “del narco” y sin perder su posición privilegiada en la organización supone el cumplimiento de sus objetivos generales, pero había algo que no consideró que estaba arriesgando y era su tranquilidad. El nerviosismo, la ansiedad y la inestabilidad lo hacían sufrir en silencio y acudir con una psiquiatra no es característico de todos los cabecillas de la mafia. Al verse tocando fondo y sin entender lo que apostó, decidió tratar de manejar eso tan turbulento que le estaba robando la paz. El final como la vida es inconcluso, inesperado y carente de planificación y así es como enganchas al público, abriéndole las puertas a interpretar historias que ellos directa o indirectamente pueden vivir.

Cierro con una frase que Tony Soprano le atribuyó a su camino por la vida en una de éstas inolvidables escenas: “Ningún hombre puede llevar una cara para sí y otra para la multitud, sin quedar al final perplejo por cuál de las dos es la verdadera” Nathaniel Hawthorne.

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