Todo Sucede En Los Ángeles

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Todo sucede en Los Ángeles.

No en Los Ángeles con mayúsculas.

No en L.A., California.

Todo sucede en los mensajeros de Dios, los enviados, los guerreros de Dios. Los serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, potestades, principados, ángeles y arcángeles.

Todo ocurre en ellos. En sus cuerpos. Dentro de sus cuerpos. En sus entrañas.

Dos capos han estrechado sus manos en el costado de Gabriel.
Miles de homeless se acurrucan bajo sus mantas rescatadas de la basura, con sus gorros y sus barbas con olor a falta de una buena ducha y sus cartones del vino más barato, se acurrucan todos bajo la axila de Rafael y unos jóvenes enmascarados como animales se les acercan ya con bates, cerillas y líquido de encendedor.

Toda la cocaína traficada corre por las venas azules del antebrazo de Sariel. Sus párpados de pálido mármol pesan tanto como siempre pesaron.

Crips y bloods han vuelto a intercambiar balas en el vientre plano de Miguel. Más bien se podría decir que Trey (rojo) salía del cine y un coche (azules) ha pasado ante él y le han rociado con semiautomáticas y uzis. Así se enseña a no joder con la hermana de un líder (azul). El coche dobla la esquina y los amigos de Trey salen como roedores de sus parapetos y gritan y lloran en círculo alrededor del cuerpo, derramando palomitas y bebidas tamaño súper sobre el creciente charco de sangre (roja).

Doug (rojo) sabe exactamente lo que tiene que hacer. La escopeta recortada está bien escondida, esperando el día, en el hueco tras el tablón del trastero, tras las cajas apiladas de juegos de mesa, el Cluedo y el Monopoly y el Tragabolas. Se mete la uña bien larga del dedo corazón, dejada crecer aposta (la gente le preguntaba a Doug a cuento de qué esa mariconada). Y el tablón se abre. A salvo de cinco-ceros fisgones sin una orden de registro siquiera pero con ganas de darse un paseo y tocar los cojones.

La escopeta esperaba el día en su hueco. El día de la trompeta de Rafael, se podría decir.

Doug sabe de memoria el horario del hermano del responsable (azul) de todo esto, el que trabaja en la librería de segunda mano. Librería de viejo. Solía ir a verle y charlaban de libros de terror descatalogados. Pero esos días se acabaron. Ahora son los días de la batalla entre Cielo e Infierno.

El tío sale a las 21:30 de la librería. Tu hermano por mi hermano.

En las tripas de Uriel acumulan mugre pistolas de oficiales de policía que tuvieron que extraviarse rápido por las alcantarillas tras cumplir su función. En el estómago de algún principado, cuyo nombre no nos reveló Dionisio Areopagita, se cuecen los maletines repletos de fajos de billetes de 100. En los rizos de Azrael duermen entre los peces hombres desafortunados calzados con botas de cemento.

Los labios de Rafael vibran a una alta frecuencia contra la embocadura de la trompeta del apocalipsis y suenan sin cesar toda la noche las sirenas de la policía, no hay manera de dormir, y el zumbido del frigo viejo, y el goteo de la pérdida de la cisterna, y no hay manera de dormir, o quizá un día descubrirías que de repente tampoco puedes dormir cuando, por fin, te falte todo eso, y en el silencio total de la noche sólo te quedarían tus pensamientos y seguir tocando la culata del revólver bajo la almohada y escuchando las voces en la radio.

Todo sucede en los ángeles, en la ciudad de sus cuerpos de mármol, en el mármol de la ciudad de sus cuerpos, en sus vientres, sus pectorales, sus muslos, sus frentes sus alas sus huesos sus tendones sus humores vítreos y sus auras.

Todo sucede en ellos, esas persecuciones de coches atropellando los puestos del mercado chino y las cajas de cartón vacías imprescindibles, el chocar de las katanas, las escaladas por las fachadas de los rascacielos, los double-crossing entre los participantes de un robo de los que al final sólo quedará uno vivo que se lleve el botín, el saco, los agentes de bolsa tragando a puñados analgésicos de botes naranjas y abogados sonrientes amables de trajes impecables que truecan en 15 años de prisión lo que fuera en un principio pena de muerte para un violador de niñas muertas y desenterradas.

Todo pasa en la ciudad de mármol del cuerpo de Los Ángeles, los ángeles, California, el Cielo, y Dios lo sabe todo bien.

18/4/16