La FYLEY, el señor Grey y las hembristas (y los buenos hombres que las combaten)

Como es ya bien sabido (la magia del meme) la FILEY (Feria Internacional de la Lectura Yucatán, a celebrarse entre el 11 y 19 de marzo en Mérida) decidió usar, como parte de la promoción de sus actividades, una foto con una referencia sadomaso que remite, al parecer, a “50 sombras de Grey”, ese éxito de ventas.

El homenaje a E.L. James de la FILEY

Según un periodista yucateco, Jose Repetto, debido al “berrinche semanal de las feminazis”, el cartel fue retirado por la organización de la FILEY, y Rafael Cobos Argüelles, director, y Alejandro Pulido Cayón, responsable de difusión, ofrecieron una disculpa pública en una rueda de prensa.

Este evento tuvo dos elementos notables: 1)al responsable de difusión le temblaba la voz (como a cualquiera que ve su chamba en riesgo, pobre), y 2)tras sus disculpas, un reportero tomó la palabra (el mismo Repetto, autor de la nota airada sobre las feminazis) y se quejó por el atropello — el retiro del cártel — provocado por las presiones de lo que llama una minoría. El responsable de difusión respondió que la FYLEY es incluyente y que, en efecto, el cártel fue retirado por qué ofendió a “ese colectivo” (en referencia a las feminazis).

A pesar de que gente que apreció se mostró indignada cartel, y de que a mí también me hizo repelar en un primer momento, me gustaría hacer una declaración, y es la siguiente:

No creo que el retiro del cartel sea una buena idea.

Creo, de hecho, en su pertinencia, y que con su retiro perdemos dos grandes oportunidades: una por la lectura, y otra por la masculinidad.

(Lo anterior no quiere decir que me deslinde de mi apoyo a quienes luchan contra el machismo, la violencia de género y el esencialismo, y de mi simpatía por los feminismos y las feministas.)

Me explico a continuación en dos apartados.

Primer apartado: En defensa de “50 sombras de Gray”

No he leído a E.L. James, ni he visto los filmes basados en su saga erótica, lo que no quiere decir que no haya leído y visto cosas que muchos considerarían peores: uno de mis autores preferidos de la infancia era Harold Robbins — aunque Gabriela Damián me dice que nunca existió — , a la postre mi primer porno, y sostuve hasta bien marchada mi adolescencia que Dygby, el perro gigante” era uno de los pilares de la cinematografía universal.

De hecho lo sigo creyendo.

Es decir: mis motivos para apartarme de James y su obra no tienen que ver con el amor a la Literatura o LITERATURA (en la que no creo, ni como autor ni como lector) y más con bien que la literatura erótica no es lo mío, y sí los son los filmes con perro gigantes y la ciencia ficción. De modo que no comparto esas opiniones airadas, expresadas por no pocos, en el sentido de que “50 sombras…” es “mala literatura” y no puede ni debe ser la cara visible de una feria del libro, la lectura y la edición.

Una feria en la que, sin duda, las aventuras picantes de Mr. Grey se van a ofrecer en no pocos stands.

¿El resultado sería diferente si la imagen del cártel hubiese aludido a Sade, Bataille o a “Lolita”? ¿Y no será, creo, que las lectoras del libro de James están un paso más cerca de estas celebradas cimas de los que las editoriales conceden como “literatura erótica”?

Si la idea que subyace en los eventos literarios es “promover la lectura”,y si una efectiva promoción de la lectura tiene como piedra de toque (nos dice Pennac) en el gusto del lector en potencia, ¿por qué intentamos imponer a libros como más pertinentes que otros?

Si, como la prensa hizo decir a Stephen King (autor de “El juego de Gerald”, una novela sobre un ama de casa en un juego sadomaso que acaba mal), James escribe porno para señoras, ¿qué hay de malo en ello? ¿Es más sano el revenge porn que abunda en las redes? Y si es una lectura para madres y amas de casa, ¿no es un material excelente, como propone Michelle Petit, para construir lectores, y comunidades de lectores?

“[L] la lectura ayuda a las personas a contruirse, a descubrirse, a hacerse un poco más autoras de su vida, sujetos de su destino, aun cuando se encuentren en contextos sociales desfavorecidos. Me interesa particulamente describir de qué manera, apropìándose de textos, hay niños, adolescentes, mujeres, hombres, que elaboran un espacio de libertad a partir del cual pueden darle sentido a sus vidas, y encontrar, o volver a encontrar la energía para escapar a los callejones sin salida en los que estaban bloqueados.”

¿Por qué nadie debería leer “50 sombras de Grey”? ¿Es que nos ofende, acaso, que una clase no ilustrada — y a la que por ellos asumimos como inferior — lea aquello que no le dictamos? ¿O es que no estamos dispuestos como lectores profesionales — autores, editores y críticos — a llevar adelante el trabajo que vendría después del cartel, una pedagogía de la lectura crítica que llevase a las lectoras de James hacia los libros que nos parecen pertinentes?

Creo que si en la conferencia de prensa de marras, el responsable de la FILEY hubiese dicho “Vayan a chingar a su madre: nos quedamos con este pinche cartel. Usamos esta referencia para motivar a las amas de casa a venir a nuestra Feria; porque queremos que usted, ama de señora, deje de lado su triple jornada y se permita leer, y la queremos enganchar con esta historia sobre liberación sexual, que es lo mejor que el mercado heteronormado le puede ofrecer”, pues yo le hubiera invitado una cerveza.

Hasta le hubiera regalado el DVD de la película de Grey.

Esa es la primera oportunidad que me parece desperdiciada con la desaparición de esta campaña.

Y la segunda es la siguiente:

2. Sobre la necesidad de un manifiesto masculinista

Y si, ante la pregunta del reportero sobre las presiones y caprichos feminazis, el responsable de difusión de la FILEY se hubiese aclarado la garganta, levantado una mirada prístina e iracunda, y tras golpear la mesa con un puño calderonista hubiese proclamado: “¡Tiene usted razón, hermano reportero! En este puto instante renunció a esta farsa culteraba que no apoya a un varón en desgracia. ¡Tenemos que formar un frente común ante el avance del lobby hembrista!”. Y si el reportero Repetto, con un grito apache, hubiera saltado al frente para fundirse con el comunicador abatido en un fuerte apretón de manos (un abrazo habría sido muy femenino), entonces yo los seguiría en Twitter.

Si la FILEY consideró pertinente en un primer momento esta alusión al maltrato “consentido” en su campaña, en un estado y en un país donde las cifras de asesinatos de odio contra mujeres van tan al alza que su número ya tiene visos de patrón estable (“siete feminicidios al día”), me gustaría conocer sus razones. Y, de paso, las del reportero yucateco, pues unas y otras parecieran coincidir.

Creo que es hora de que los carteles como el de la FILEY cundan, y sean defendidos por hombres como José Repetto, pero desde el otro lado de la cámara. Que tomen el micrófono y que nos expliquen sus razones, su filosofía, y lo que está en juego.

Creo que es hora de que los hombres preocupados por el avance feminazi dejen escuchar sus voces, pero a la luz del día, con calma, holgadamente. Es hora de dejar de amenazar de muerte a las feministas en Twitter o llenar de sesudos análisis detectivescos la sección de comentarios de los diarios que dan cuenta de los feminicidos (“Lo que yo quiero saber es que hacia una joven de 18 años a esa hora en la calle”). Es tiempo de que dejen de compartir memes y escribir columnas carentes de argumentos, y que desarrollen ese corpus de pensamiento que — quiero creer — excede al mero terror a perder privilegios. Quiero que nos expliquen su lucha, esa que combate las peticiones de justicia y equidad para las mujeres, esa que quiere eternizar el relato de la supremacía masculina

¿Quién sabe? A la mejor tienen razón.