ES LA COSTUMBRE: TODAVÍA COMPRAMOS “ESPEJITOS”

Donald Trump visita México, reitera el “sí al muro” y se va… Peña Nieto observa “diplomáticamente”.

Por Oscar Uscanga

Imagina su risa burlesca, respuesta facial de un pensamiento plagado de antivalores humanos. La ropa lisa e impecable, al igual que su copete risueño que se mueve de un lado a otro. Manos estrechadas y aunque no son iguales, pudieran confundirse si el color negro, rubio y los kilos de más no diferenciaran ante la pupila tan distinguidos personajes.

Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de nuestro vecino “el guapo”, Estados Unidos, nos hará el honor de pisar México: tierra árida de talento pero llena de “flojos, rateros, drogadictos”, dijera el magnate encumbrado en los eventos “Miss Universo” que irónicamente tenía, tiene y tendrá a millones de mexicanos frente al televisor.

El millonario estadounidense llega al privilegiado lugar que le cedió más de diez estados a su patria para librar una guerra. Pisa tierra de la macro industria de la siembra, proceso y distribución de diversas drogas; “mea culpa”, no hay responsabilidad de la patria que está cruzando el Río Bravo, aunque ahí radiquen la mayor cantidad de consumidores de droga en el mundo.

El muro que propone es “pecata minuta” de las barreras persé que tiene México; en lo económico, dependientes de su moneda y modelos de mercado; en lo social, aspirantes del sueño americano que desde la década de los setenta convirtió a Estados Unidos en la segunda casa del paisano mexicano por la gran migración que se dio.

En el otro extremo de Trump, está el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, que para llenar su vaso de malas decisiones (donde están las reformas, omisiones a asesinatos masivos, desapariciones y casos de corrupción) que derivan en una imagen pública que pisa quien quiere, decidió traer a México un día antes de su cuarto informe presidencial al xenófobo Trump.

Lo que piensa Donald Trump de México está más que dicho, pero ¿qué pretende Peña con esta visita?.

Doblar las manos una vez más ante el “Gran Imperio” no es lo extraño, lo inaudito es congratularse de invitar a una persona que con palabras pisa sin remordimientos la figura de lo que para él es un “mexicano”.

“Uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles”, relata el cuento del guatemalteco Augusto Monterroso, cuando antes de comprarle los espejitos, los “salvajes” vivían sin el abrazo del “civilizado”. Años después sigue la tradición: ¡Trump eres bienvenido! .

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