Bio-economía: modelos de negocio que contribuyen a regenerar el capital natural
Por: Alonso Martínez*
El capital natural de México ofrece numerosas oportunidades para desarrollar actividades económicas con alto valor agregado. Sin embargo, si estas no se realizan regenerando el capital natural que las sustentan, se vuelven inviables e insostenibles en el largo plazo.

Aunque en la práctica parece una relación evidente, la producción y consumo de bienes y servicios que dependen de la biodiversidad y que permiten obtener materias primas, servicios ambientales, paisajes naturales, etc., se han caracterizado por ir contra esta lógica, promoviendo su sobreexplotación.

Desde un enfoque económico, este problema se origina por dos elementos fundamentales: la ausencia de derechos de propiedad claros sobre los servicios ambientales y la invisibilidad de su valor en las funciones de producción y consumo.
Para ejemplificar lo anterior pensemos en una zona costera natural a la que se ha elegido para hacer un desarrollo turístico. Los primeros hoteles encontrarán una zona con abundantes servicios ambientales: arrecifes de coral, agua limpia, protección por manglares, flora, fauna y paisajes prístinos, para lo cual habrá un gran número de turistas dispuestos a pagar precios muy altos. En este caso, las y los dueños de estos primeros hoteles no consideran necesario invertir en la conservación de estos servicios ambientales, ya que, dada su abundancia, los reciben como ganancias netas.

Atraídos por estas ganancias, se incrementa el número de inversiones y desarrollos en esa zona, sobreexplotando estos servicios de la misma forma que los primeros, disminuyendo su abundancia y calidad, y llegando a eliminar su atractivo. Sin notar que eran estos servicios los que en principio atraían al turismo, comienza una disminución de las ganancias al bajar el número de reservaciones, situación que provoca que los activos se deprecian e incluso comienzan alzas en las primas de seguro. Lo anterior, debido a los impactos negativos ocasionados por los desastres naturales que anteriormente no ocurrían por el deterioro de las barreras naturales como manglares o arrecifes de coral, por citar algunos.

Ante esta situación, las y los inversionistas tienen dos opciones: invertir en la regeneración del capital natural o vender sus activos depreciados, teniendo como consecuencia que estas inversiones sean llevadas hacia lugares prístinos para repetir el ciclo. Desafortunadamente, existen ejemplos evidentes de ambas vías en México.

Si bien los efectos negativos de esta pérdida de servicios ambientales son globales, el impacto en cada persona varía de acuerdo con su capacidad para afrontar la escasez. Como cualquier bien económico, a medida que desciende su disponibilidad se vuelve más costoso adquirirlo. De la misma manera, cuando la disponibilidad de los servicios ambientales desciende, son las personas más vulnerables las que deben destinar mayor cantidad de recursos para acceder a servicios de calidad; el agua limpia es el ejemplo más claro de esta situación. Esta problemática se repite en todos los sectores que dependen e impactan a la biodiversidad: agropecuario, silvícola, pesquero, turístico, entre otros.

Estos sectores se caracterizan también por dar empleo a un gran número de personas, dinamizar la economía de regiones completas, generar inversiones, proveer alimentos y generar materias primas esenciales para el bienestar de las personas. Ante esta disyuntiva, ¿cuáles son las opciones para lograr un desarrollo sustentable?
Si bien los gobiernos tienen programas específicos para la conservación de los ecosistemas y el uso racional de los recursos, estos no siempre son suficientes para contrarrestar la sobreexplotación de los recursos.

El uso sustentable de la biodiversidad debe permear en la forma en la que producimos y consumimos bienes y servicios. También, debemos reconocer que, como cualquier otro tipo de capital, el natural también requiere de inversión, misma que en el largo plazo generará retornos monetarios positivos.
Reconociendo el potencial del sector privado para incidir en la conservación de la biodiversidad mediante el uso sustentable de sus componentes, la iniciativa Finanzas para la Biodiversidad (BIOFIN) hace un llamado a la iniciativa privada, organizaciones no gubernamentales y a la sociedad en general para impulsar modelos de negocio que contribuyan a regenerar el capital natural. A esta visión de negocios le llamamos Bio-economía.

Como parte de la estrategia de Bio-economía, BIOFIN, consciente de los retos que aún tiene el sector, compilará los casos de éxito y el portafolio de proyectos potenciales que requieren inversión; brindará asistencia técnica, acopiará información en una plataforma digital y difundirá las opciones de acceso a financiamiento para las personas productoras y emprendedoras. Además, contribuirá a demostrar que estas inversiones, además de ser altamente rentables, tienen impacto social y ambiental significativo.

Con estas acciones BIOFIN busca eliminar las asimetrías de información, incrementar las inversiones del sector privado, profesionalizar a las y los productores, y eliminar intermediarios para generar mayores beneficios económicos a las comunidades y a los ecosistemas de los que dependen.

Esta estrategia permitirá contribuir a otorgar claridad respecto a los derechos de propiedad sobre los servicios ambientales y dar valor al capital natural en la cadena de producción y consumo.
Al visibilizar el valor de los servicios ambientales el sector privado podrá transitar de una visión de gasto a una de inversión; y contribuirá a que aquellas personas que salvaguardan y utilizan de forma sustentable la biodiversidad reciban una retribución acorde al valor real de ese capital.
Durante los próximos meses se publicarán y presentarán las actividades específicas para lograr estos objetivos en la página de BIOFIN https://www.biodiversityfinance.net/mexico

