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NO sigas tu pasión

El eterno cliché.

Una frase bonita y poco práctica: “sigue tu pasión. Encuentra lo que amas y dedícate a ello”.

¿Hasta qué punto es aplicable en el mundo real?

Somos egoístas por naturaleza.

Pensamos que nuestros problemas (nuestras necesidades) son iguales para todo el mundo.

Nuestro egoísmo amenaza nuestras empresas y el mercado laboral: primero, nos miramos a nosotros. Luego, facilitamos un producto y/o servicio en base a NUESTRAS necesidades y pasiones, sin analizar la viabilidad a nivel de mercado.

Compramos el discurso clásico: “sigue tu pasión: encuentra lo que amas y dedícate a ello”.

La frase es incompleta.

Existe una variable que, por lo general, no tenemos en cuenta en la ecuación: la OPORTUNIDAD.

NO podemos obviar el mercado.

¿QUÉ pide el mundo?

¿QUÉ necesita la sociedad?

Debemos plantearnos estas cuestiones (no, solamente, qué requerimos nosotros).

¿Qué carencias hay en el mercado?

Por un lado, si nos dedicamos únicamente a nuestras pasiones sin tener en cuenta las necesidades del mercado, no prosperaremos.

NO disponer de la libertad que enriquecerse conlleva, en términos económicos, de salud (tanto mental como física) y de relaciones interpersonales, genera amargura.

La riqueza es una combinación de las tres: tener dinero y no salud para disfrutar de tu fortuna, ni seres queridos con quienes compartirla, te convierte en una persona pobre.

Y estar descontentos con nuestra vida nos coloca en una situación poco favorable para repartir amor entre nuestros familiares y amigos: el verdadero sentido de la existencia.

Riqueza = Libertad (dinero) + Salud + Relaciones Interpersonales de Calidad.

Por otro, encomendarse exclusivamente a las oportunidades que la vida presenta SIN tener en cuenta nuestras pasiones más nobles, procura infelicidad.

¿Y qué sentido tiene la vida si uno no disfruta del viaje?

El primer paso es el autoconocimiento.

Tal como lo definiría un hombre sabio, del que tengo la suerte de aprender semana tras semana, la pasión responde a: ¿qué es aquello a lo que dedicarías tu vida si el dinero no importara, si te fueran a pagar lo mismo en cualquier caso?

Esa es tu pasión, o tus pasiones.

Los japoneses tienen una palabra que define el equilibrio entre pasión y oportunidad: ikigai (razón de ser).

El ikigai es la intersección entre lo que amas y lo que se te da bien (pasiones), y lo que el mercado necesita y por lo que está dispuesto a pagarte (oportunidades).

Ikigai (razón de ser).

La GRAN diferencia entre las personas exitosas y NO exitosas, es que las primeras (exitosas) identifican oportunidades y las aprovechan.

La GRAN diferencia entre las personas felices y NO felices, es que las primeras (felices) encuentran oportunidades ligadas a sus pasiones.

La conexión de ambos escenarios es el ikigai.

No dedicarte a tus pasiones, a largo plazo, genera infelicidad.

De media, trabajarás 5 días a la semana.

Eso equivale al 64.28% de tu vida, aproximadamente.

Ser miserable más de la mitad de tu existencia, por NO prosperar, es ser injusto contigo mismo (prosperar no quiere decir, necesariamente, hacerte millonario, sino que sea sostenible, que puedas vivir de ello. No pensemos en riqueza solo en términos económicos. El dinero es una variable de la ecuación: imprescindible por la libertad que compra pero no suficiente). Te debes más.

Y dedicar casi 2/3 de tu presencia a algo que NO amas, inhumano (porque somos egoístas por naturaleza, recuerda).

En el punto medio está la virtud.

Entre la pasión y la oportunidad.

En el ikigai.

El equilibrio idóneo se encuentra en el punto medio entre tus pasiones y tus oportunidades.

Si hay un mensaje, por tanto, que quiero comunicar es: no sigas tu pasión sin tener en cuenta el mercado. Y no busques, tan solo, oportunidades: halla tu punto medio entre ambos. Encuentra tu ikigai. Este te reportará felicidad, a la par que prosperidad.

Solo tenemos un billete de ida.

Un día dejarás de respirar, te enfriarás y morirás.

Aprovecha el momento.

“Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela,
la misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta”.
- Walt Whitman.
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