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Editorial #18 de Estúpido y Sensual Domingo

Antes de seguir debo aclarar algo importante: me parece una gilada cualquier cosa que intente patriotismo o que festeje cierto nacionalismo, me gustan los desfiles de granaderos pero preferiría que estuvieran flacos, puedo comerme un plato de locro pero no estoy seguro de que me guste del todo, me importan un carajo algunos discursos presidenciales y puedo distinguir con cierta facilidad que hasta el programa de Luis Ventura tiene más recursos narrativos que el actual presidente de la nación. Pero aun así, estoy casi seguro, señores, amo a este país.

Estoy seguro también de que a este país lo amo por todas las razones equivocadas, amo este país por su capacidad para el dramatismo, por su capacidad para el escándalo, por su capacidad para burla, por su capacidad para torcer destinos, por su capacidad para ser nombrado por los profesores de primaria como el país más rico del mundo y aun así sacarle la lengua a cualquier libro de texto editado por Santillana con dibujos deformes para nenes en formación.

Si Argentina fuera un biblioteca o fuera un universo de pisos hexagonales tendría un libro dedicado a los Ricardo Fort de este país: al fan de Wanda, a Jacobo Winograd, a los Hermanos Suller, a las Hermanas Nara, a los padres Mitre, y a las madres Gimenez. Habría un libro con las señoras y ahí sentadas estarían Susana Gimenez creyéndose nuetra Ophra y haciendo hace 26 años el mismo programa, Mirtha Legrand tratando de ocultar las inocultables arrugas de su cuello mientras saborea un de sus tradicionales viandas y hace atragantar a sus invitados, Moria Casan fingiendo estupidez pública pero fomentando su inteligencia en privado. Habría un libro enorme y sin terminar de Maradona en sus mejores años. Habría una sección importada de realismo mágico y unos pibes autóctonos con ánimos emancipadores estarían tirándole coca cola. Habría escritores modernos queriendo romper con la tradición del escritor antiguo que, mirenlos, quieren quebrar los espejos que reflejan la luz de la biblioteca a la que Borges ya no mira. E insisto, a este país lo quiero por todas las razones equivocadas: lo quiero por su capacidad narrativa, lo quiero aunque los adultos miren a Europa y los más chicos miremos a Estados Unidos. Lo quiero porque este país cada diez años destruye su propio progreso y se envuelve en llamas y después, como si ya hubiese sido suficiente, renace de las cenizas. Este país es el fénix del conurbano del mundo dando la batalla de los dioses que cada tanto cae en el caos absoluto y abandona en un helicóptero que sobrevuela la muerte.

Esto es Estúpido y Sensual domingo, el programa que sabe que la república Argentina es megalómana y egoísta y arrogante y tierna y se pararía en las mismísimas puertas del cielo, con un bidón de nafta en una mano y un encendedor en la otra, al ver como sus alas se queman mientras le grita a Dios eso de: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia, que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”