#22
Editorial #22 de Estúpido y Sensual Domingo
Soñé que estaba durmiendo y que despertaba en una casa desconocida y cuando abría la ventana, afuera, sentada en la vereda, estaba la siempre conocida chica rara de las películas. Esa chica que hace un millón de cosas extrañas que si aparecen con Micheal Cera al lado y musicalzadas con algo indie y lejanamente cursi están muy bien y a todos nos gustan, pero que no son para cualquiera mundo, ni para cualquier guión, y realmente las chicas raras en el mundo real son bastante ridículas.
Sí, ya saben, el estereotipo de la chica rara con su pelo de colores y sus peinados raros y su filosofía que es un copypaste de frases robadas y poses irónicas, y su ropa comprada en un outlet del siglo pasado aunque todos sepamos que la chica rara tiene plata. Las Ramonas Flowers, y las Effy Stonem, y las Clementine Kruczynski. Prontamente tendremos que agregar a las rubias automática e indiscriminadoramente taradas que querrán ponerse el traje de la pobre Harley Queen para componer la balada psiquiátrica del amor por un payaso malo y bailar el baile de los martillos cabezones.
Y así como el indie esa cosa que parece producto del rock teniendo sexo con la pretensión de inteligencia y sensibilidad, las chicas raras en la poco rara vida real dejan la sensación de que uno se encontró un alien o con bebe con problemas de crecimiento. Lo que no me convence de las chicas raras es que caen en el error de componer inestabilidad a la espera de que un hombre las salve, tanto como lo que no me convence de los chicos comunes es que componen pose de contenedor a la espera de salvar la mediocridad de sus vidas con un mechón teñido del pelo de una chica rara. Técnicamente a la gente no le gusta ser salvada, pero aun así creo que es posible y de una única manera, con ese amor de corazones rotos o de corazones a punto de romperse o el amor que hace irrompibles a esos corazones o que es lo único que puede repararlos. Pero para entenderlo lo más probable es que la única manera que tengamos sea la de salir de nuestra puerta a la espera de que alguien la toque para invitarnos a jugar, como si viviéramos en una remake del Sodero de mi Vida.
Esto es Estúpido y Sensual domingo, el programa que prefiere que las chicas raras no sean tan raras y los chicos comunes no sean tan comunes, porque si la vida se transforma en algo monótono y rutinario que ecualiza la tragedia y la comedia para llegar a un tono común de vidas resueltas y charlas aburridas, será mejor que todos compongamos una personalidad que nos permita tocar el acorde de la pretensión, y el de la sensibilidad, y el de llorar con una canción de radiohead tanto como el de menear hasta abajo cuando el timing lo indique. Que las chicas raras se queden en los cómics y los chicos comunes en la casa de Gran Hermano. A mi denme ambos o déjenme donde estoy, porque, ya se sabe, solo estoy durmiendo.