
En los últimos 300.000 años, el Homo sapiens ha experimentado una mayor selección en contra de la propensión hacia la agresión reactiva que el resto de especies Homo; a esta selección en contra también se le ha denominado autodomesticación, que explicaría algunas de las características fisiológicas, cognitivas o de comportamiento de nuestra especie.
El debate sobre si existe o no autodomesticación en el Homo sapiens no es un debate cerrado, se ha señalado que las comparaciones morfológicas entre especies domesticadas y Sapiens no son señales de domesticación en nosotros, ya que ni todas las especies domesticadas presentan las mismas características, ni que las características que parecen ser signos de domesticación tienen que deberse a ella ya que pueden haberse producido por otras presiones completamente diferentes que coinciden en el tiempo o que ya estaban presentes antes, a nivel de género, y se acelerasen por motivos que desconocemos.
Dicho esto, dando por bueno el proceso de autodomesticación, vamos a explicar en concreto de qué se trata. Las características del síndrome de domesticación son producidas al seleccionar rasgos dóciles, que conllevaría a una menor agresión reactiva. Así características como una disminución de la masa corporal, una reducción en el tamaño de la cara y del tamaño de la dentadura, un dimorfismo sexual menor y una reducción en la capacidad craneal serían rasgos asociados a la docilidad y que se observan en todos los procesos de domesticación. En Homo sapiens se ha observado todos estos rasgos, a excepción del último.
La agresión humana se ha dividido en 2 tipos, reactiva o impulsiva y proactiva o premeditada, cada una con su propia y distintiva neurobiología. Un alto grado de docilidad es una forma característica de los animales domesticados y depende de la baja propensión hacia la agresión reactiva (la relación con la agresión proactiva no se conoce muy bien). La comparación de comportamiento con especies prehistóricas es especulativa, y se asume que el Homo sapiens ha venido experimentando una reducción de dicha violencia reactiva desde su aparición. En comparación con otros primates, como los chimpancés, nuestra frecuencia de conflictos agresivos es hasta 100 veces más baja.
Si partimos de la base de que esta autodomesticación comienza hace 300.000 años, debemos remontarnos al ancestro del Homo sapiens (como el de Homo heidelbergensis) que debió haber vivido en comunidades sociales jerarquizadas con un patrón similar a lo que encontramos en otros primates que viven en grupos con muchos machos y hembras; es decir, donde hay un macho alfa que alcanza el rango más alto dominando al resto, a menudo a través de encuentros físicos, y quien gozaría de un éxito reproductivo mayor, al controlar a la mayoría de las hembras.
Una de las pocas especies de primate que viviendo entre este sistema no cumple con este modelo jerárquico es el bonobo, otra especie con rasgos de haberse autodomesticado. Aunque hay un macho alfa, éste debe su posición al apoyo de su madre, no a la lucha con otros machos.
En humanos, el acceso a la jerarquía no se suele hacer derrotando físicamente a otros machos, sino que o bien hay una coalición que evita que alguien ejerza como macho alfa o bien se elige a un líder por consenso cooperativo. Dado este contexto, las hipótesis con el objetivo de explicar la reducción de la violencia se enfrentan a dos retos: primero explicar por qué los individuos mejor dotados para la lucha fallan a la hora de dominar y que los mecanismos propuestos solo pueden ser aplicados a los Homo sapiens y no al resto de humanos (siendo algunas de las propuestas complementarias). Las 9 propuestas más importantes han sido:
La selección de grupo genética toma la idea de que el grupo es la fuerza de selección por encima del gen o del individuo, es decir, que el valor para los miembros del grupo de cooperar entre sí (en conflicto con otros grupos) es más alto que el valor que tendría la lucha entre individuos del mismo grupo, produciendo esto una mayor tendencia hacia la cooperación y altruismo y menor egoísmo. La creciente explotación de recursos lleva a una mayor densidad de población y a una mayor defensa de los territorios, por lo que la agresión reactiva interna (dentro del grupo) disminuiría. El problema es que, por ejemplo, los chimpancés forman grupos grandes que entran en conflicto muy a menudo con otros grupos por los territorios y no han experimentado un proceso de autodomesticación; por otro lado, las diferencias genéticas entre grupos no parecen ser tan grandes como para provocar esta selección.
La selección cultural se ocupa de la difusión o reducción selectiva de conductas culturales que operan a nivel de un grupo social (como las instituciones legales o los estilos de guerra). Aunque se suele centrar en los cambios producidos durante siglos y que es difícil que tengan efectos genéticos, sí tenemos ejemplos de cambios culturales que han provocado una coevolución genético-cultural (como el desarrollo de la cocina o el consumo de leche). En este sentido, un mecanismo que explicaría la reducción de violencia sería que, los grupos con normas sobre altruismo interno habrían tenido éxito sobre los grupos que carecían de estas normas; de esta forma las normas altruistas se extenderían, produciéndose una coevolución gen-cultura que favorecería una tendencia a la docilidad y conformidad, ya que los individuos con estos rasgos serían rápidamente adaptados al grupo. El problema de esta idea es que el éxito de un grupo sobre otros en un conflicto no está asociado con una reducción de la agresión dentro de dicho grupo, ni en humanos ni en otros primates.
La selección sexual por elección femenina viene a proponer que las mujeres han seleccionado a los hombres menos violentos y agresivos, lo que fue provocando que los más agresivos se fueran cayendo del pool genético. Esta idea presenta muchos inconvenientes: la libertad femenina en la elección de pareja no se da en ningún otro primate cercano a nosotros (a excepción de los bonobos) y ni siquiera es un rasgo presente en todas las culturas del mundo, es más, podríamos decir que es algo reciente, producto de la baja agresividad del hombre. Tampoco explica cómo las mujeres ancestrales pudieron someter a los hombres más violentos y agresivos y cómo podían evitar que los pocos déspotas se aprovechasen de una baja agresividad.
La selección social por cooperación parte de la base de los cambios que sufre el género Homo en el momento en el que la búsqueda de comida pasa a ser predominantemente colectiva y no individual. Aquellos individuos más sociables y menos egoístas cooperaban para buscar alimento, por lo que se alimentaban mejor que los menos sociables y se libraban de los depredadores gracias a la vigilancia cooperativa. Junto a esto, comienza la formación de parejas reproductivas, en donde los machos reconocen a sus hijos y pasan más tiempo con ellos, por lo que se selecciona una baja propensión a la agresividad. El problema de esta idea es que no hay evidencia de que esto no estuviera presente antes del Homo sapiens, tampoco se ofrece una explicación de por qué los machos más agresivos no pudieran ejercer su poderío físico, ya que en el momento en el que un tirano apareciese, tendría éxito ante machos más dóciles.
Con respecto al autocontrol, más que un factor primigenio, es más bien un promotor. Se basa en la idea de que a medida que nuestras capacidades craneales aumentan, también lo hace nuestro autocontrol gracias a la complejidad de nuestras áreas cerebrales más modernas.
La crianza cooperativa es el sistema social en el que los individuos de un grupo ayudan en la crianza de los hijos de los demás, aun a costa de sacrificar su éxito reproductivo propio. El problema principal es que la crianza cooperativa se menciona como posible sistema grupal ya en los Homo erectus, hace 2 millones de años. Otro problema es que los sistemas de crianza cooperativa pueden asegurar una baja agresividad entre familiares, pero no necesariamente entre miembros distantes.
Para la densidad de población alta se argumenta que una mayor densidad de población hace unos 200.000 años pudo desencadenar presiones selectivas en contra de la agresión reactiva y a favor de la tolerancia. El problema es que la densidad de población alta en otros primates arroja resultados poco concluyentes e incluso un aumento de la agresividad en algunas especies; por otro lado, los análisis genéticos parecen mostrar un estancamiento poblacional de nuestra especie hace 200.000–70.000 años.
El uso de armas letales postula que la mejoría de las armas, en especial los proyectiles, permitió a los machos menos poderosos ejercer un control sobre los más físicos al poder matarlos más fácilmente; el no tener que combatir cuerpo a cuerpo les dio un poder que no tenían. Problemas, que este tipo de armas ya estaban presentes en el Homo erectus y que las coaliciones entre machos menos poderosos se dan en otras especies sin necesidad de armas.
En la conspiración gracias al lenguaje se defiende que las coaliciones de machos permitieron tener controlados y dominados a los alfas originales, gracias al uso de castigos sociales primero y la ejecución después. Una importante característica de las ejecuciones es que son agresiones proactivas, planificadas; los verdugos no incurren en ningún coste físico. Bajo un régimen selectivo donde los machos alfa son ejecutados, la tendencia a la agresión proactiva puede mantenerse alta mientras que la reactiva declina evolutivamente. Estas ejecuciones planeadas implican que los ejecutores deben compartir de forma explícita sus intenciones con los demás sin ser detectados por el alfa, una capacidad aparentemente más sofisticada en los Homo sapiens que en el resto de humanos, que gozarían de peores habilidades comunicativas. Los problemas que presenta esta hipótesis es la falta de datos sobre las capacidades comunicativo-lingüisticas de los otros humanos y que si bien conocemos las prácticas ejecutorias de muchas sociedades primitivas, no sabemos los motivos de por qué han sido ejecutados.
Las dos primeras propuestas tratan de explicar por qué los humanos combinan el altruismo y la tolerancia interna y la hostilidad externa; pero como hemos visto no existe una correspondencia entre menor agresión interna y mayor externa. Lo que sí es interesante es que la selección cultural pudo haber influido en la difusión entre grupos de la idea de la ejecución para los transgresores de las normas sociales.
Las otras dos siguientes, relacionadas con la selección sexual y una “selección social” enfrenta el principal problema de que no explican por sí solos cómo un individuo despótico no fuera favorecido en un ambiente de docilidad. Lo mismo que el autocontrol. El sistema de crianza cooperativo si bien reduce la violencia entre familiares no la tiene por qué reducir entre no familiares. La densidad de población carece de datos demográficos que la apoyen y los análisis comparativos con otras especies tampoco parecen apoyarla.
Las dos últimas se refieren al uso de coaliciones para controlar a los machos agresivos. Si bien las armas letales han jugado un papel importante en el control de los machos agresivos, se necesita algo más que explique por qué fueron efectivas en los Sapiens y no en el resto. La del lenguaje es intuitiva y especulativa, ya que carece de los datos mencionados anteriormente; además queda la duda de por qué el lenguaje alcanzó ese grado de sofisticación solo en Sapiens.
Quizás los ancestros Sapiens adquirieron las habilidades idóneas de forma independiente a la agresión, con armas ya propicias disponibles, la ejecución sería fácil; una vez que la agresión reactiva comienza a ser seleccionada en contra, la tolerancia y las habilidades cooperativas (y lingüísticas) serían seleccionadas positivamente. Una vez iniciado este sistema selectivo, se aceleraría la evolución de los rasgos asociados a la domesticación. Como alternativa, puede que la evolución lingüística se produjera después de que se iniciase el proceso de domesticación, lo que invalidaría esta hipótesis.
De las 9 hipótesis, la que mejor explica la aparición de una presión selectiva que conlleva una reducción de la agresión reactiva hace 300.000 años es la conspiración basada en el lenguaje. La evolución de esta habilidad cognitiva sofisticada habría llevado a los subordinados a seleccionar en contra a los miembros agresivos, creando una jerarquía de dominación inversa; la difusión del nuevo estilo de jerarquía podría haber ocurrido por aprendizaje individual o por selección cultural.
Referencia:
Wrangham, R. W. Hypotheses for the Evolution of Reduced Reactive Aggression in the Context of Human Self-Domestication. Front. Psychol. 10, 1914 (2019).
