Etiquetando vecinos.

Si alguien me dice que nunca etiquetó a un vecino, o que nunca se imaginó como es su vida cotidiana, yo, no le creería. Es imposible pensar que no lo hicieron ni una vez. Depende de cada uno, y de su nivel de imaginación.

En esto me considero un experto, etiquetar vecinos e imaginar como sería su vida es algo que hago a la perfección desde el primer edificio donde vivimos (hasta mis 5 años).

Para nosotros ese edificio se acotaba a tres familias: 1)Nosotros, que creíamos ser los normales. 2)En frente nuestro Chuchy “La Bruja” y 3)en otro lado que no sabemos ni siquiera si era de nuestro edificio Juana “La Loca” con su esposo que denominamos Juan “El Loco”.

Siempre le tuvimos miedo a Chuchy. Ella era buena y muchas veces nos invitaba a su casa pero no nos animábamos a entrar, yo era muy chico pero tengo un recuerdo en el que mi mamá estaba en su casa y me llamaba para que yo también entre, pero no me animaba, ese día me sentí igual que El Chavo en el capitulo en el que tienen que entrar a la casa de La Bruja del 71.

A Juana la loca y a su esposo, nunca logramos verles la cara, eran para nosotros como los padres de la vaca y el pollito. Solo escuchábamos sus gritos por la ventana, conocíamos sus voces y las distinguíamos, pero nunca los vimos. Llegamos a la conclusión de que ni siquiera pertenecían al edificio, sino que eran una simple pareja que tenía una ventana al mismo pozo de aire que nosotros. Todavía no teníamos tan desarrollada nuestra capacidad de hablar y delirar tanto como ahora por eso no hay tanta historia detrás de este edificio pero si en los otros dos.

Cuando yo cumplí 5 años nos mudamos al edificio de Perú, este tenía 7 pisos pero sabíamos poco de los que vivían ahí. Estaba la vieja del perro, que vivía en planta baja junto con Tony ( El can) y con la otra vieja que era conocida como “La que cumplía el mismo día que yo”. Después en el 1er piso vivía “La que rompía las bolas cuando hacíamos ruido”. En frente nuestro vivía Norma “ La Vecina” y en el 7mo vivía “La viejita que era sacristana de la iglesia”. Y en alguno de los departamentos que sobraban vivía un periodista que un día nos regalo una remera de Huracán.

Delirar sobre estas personas si que estaba bueno, La vieja del perro era nuestra ídola, — Somos del barrio, del barrio de San Telmo, somos del barrio de la Vieja del Perro — ese era nuestro cantito. Y encima la señora que vivía con ella me daba regalos por mi cumpleaños.

Norma, la de enfrente esta etiquetada en mi mente como la señora que tenia esos libros chiquitos que los pasas rápido y la imagen se mueve. Estaban buenísimos, un día me regaló uno.

Lo mejor de esto era imaginar las vidas de esas personas, Norma, una señora que vivía sola, seguramente que no cenaba, se tomaba una sopa o un te con leche y se iba a la cama. Después, en mi mente por lo menos, durante el día se la pasaba limpiando su casa para que quede mas limpia de lo que estaba.

La del séptimo que ya estaba viejita para mi cuando no estaba en la iglesia se iba a la terraza a chusmear que colgaban los demás vecinos del edificio, me imagino que tenía una libreta donde anotaba- Hoy los del 2do E colgaron dos sabanas, una remera y dos pantalones- Organizaba esto en un cuadrito y ponía colgó: El hijo del medio y al otro día escribía retiró: El Padre. Esa era su diversión y su forma de pasar el día.

La vieja del perro se pasaba el día en la puerta del edificio con su perro Tony, intentando así, imponer respeto en la cuadra y como las mascotas se parecen a sus dueños(o eso escuche por ahí) su perro Tony hacia lo mismo, pero este la tenia mas complicada ya que la vieja debe haber llegado a la cuadra antes que la asfalten, pero Tony, en cambio, se disputaba el puesto de “Can de la cuadra” contra Chicho, el perro de la verduleria, estaban cabeza a cabeza, Chicho quizá le sacaba un poco de ventaja porque estaba libre, entonces podía salir a patrullar la zona, hacerse ver, como si fuera un político en época de elecciones. Tony se veía limitado a los cuatro pasos que le permitía la Correa. Mientras todo esto pasaba en la calle, la otra viejita, esa que cumplía el mismo día que yo, se tomaba un té mientras miraba novelas como “La usurpadora” o “Isaura, la esclava”.

No voy a hablar del edificio en el que vivo ahora porque estamos en constante análisis.

Estoy seguro que todos mis vecinos hacen lo mismo que yo, que cuando nos cruzamos piensan en su cabeza lo que voy a hacer yo o los vecinos de al lado, o que se imaginan que estará haciendo el portero…

Algún día va a llegar el día en el que le pregunte a mis vecinos si mis delirios sobre ellos son una realidad. Mientras tanto los sigo pensando…

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