Yo tuve un amigo que se preocupo por mi.

Ese día Juani vino distinto al oratorio. Llegó con su cabeza baja, fue directo a sentarse a la escalera de los buenos días y fijó su vista en el piso. No saludo a nadie, no quiso desayunar, y cuando empezamos a jugar se quedo ahí sentado. Lo miré desde que llegó, no entendía que le pasaba. Su hermanito tampoco sabía, dijo que desde que se levantó que no dijo nada. Mientras lo miraba desde la galeria, alguien atrás mio dijo: “ Solo necesita un amigo que se preocupe por él”. Me di vuelta extrañado, no conocía esa voz. Y mientras lo miraba siguió diciendo: “ Yo una vez tuve un amigo que se preocupo por mi. Es algo que parece simple pero te cambia la vida”. Y me quede pensando mientras esa persona se iba por la portería. Después de unos segundos en los que me quede atónito, salí detrás de él.

En el mismo momento en que cruce la puerta el mundo cambió. En frente no estaba ni la farmacia ni mi edificio, volví a darme vuelta asustado como para entrar de nuevo a Santa Cata y, ¡Tampoco estaba!. Intenté tranquilizarme. Por alguna razón no estaba tan asustado, como si conociera ese lugar, empece a caminar para donde escuchaba un griterío. Mientras recorría esos caminos, recordé ese lugar. Eran los mismos caminos que había recorrido hace algunos años, cuando también un sábado a la mañana, “viaje” a los tiempos de Don Bosco.

Llegue a un lugar, no lo conozco pero creo que era Valdocco. Allí estaba otra vez Don Bosco. No lo dude, y me acerque a él. Me reconoció, y me trato como su amigo de siempre. Me saludo como te saluda un familiar que hace mucho no te ve, un abrazo inmenso y una sonrisa en la cara. Me preguntó que hacía por ahí otra vez, y me invito a pasear mientras charlábamos.

Mientras le contaba lo que me había pasado, vi en el medio de un juego a aquella persona que me había hablado en la galería mientras miraba a Juani. Don Bosco riéndose me dijo: “ Aquel es es Miguel, “El Capitán, es un pillo, me lo encontré en una estación de Tren en Carmagnola”. Ahí fue cuando entendí que Don Bosco era ese amigo de quien hablaba.

Seguimos caminando con Don Bosco y mientras le contaba sobre mi vida y nuestro Oratorio me anime a decirle: “ Nosotros en nuestro Oratorio estamos seguros que vos nos soñaste” y como esquivando la respuesta me¿ dijo: “ ¿Te acordás la última vez que nos vimos? Vos me pediste un consejo, una enseñanza”. Asenti con la cabeza y le recorde que me habia dicho que confiara en la Virgen y en Jesús. Ahi mismo me dijo: “Ellos en los que te mandé a confiar son los que hicieron todo, María siguió protegiendo a cada uno de los que pasaron por acá y el amor por Jesús los llevo a seguir transmitiendo su palabra, no voy a mentir, sueño con que esto siga muchos años, si es posible, que siempre se mantenga vivo. Asi que si ustedes son de esos que creen en Jesus, que se encomiendan a María, que viven con alegría y que buscan la santidad todos los días, yo te aseguro que sí, que los soñé, y los sueños cada día…”. Mi corazón empezo a latir como la primera vez que lo vi.

En ese momento Don Bosco me miro y me dijo: “Ahora un abrazo que es hora de irnos”. ¿Por qué?, pregunte mientras lo abrazaba y me contesto: “Porque es hora de levantarte, tenes que ir a trabajar”. En ese instante sonó mi alarma. Me desperté. Eran las 7:30 de un miércoles. Y antes de ir a bañarme me dije a mi mismo: “ Si, estoy seguro que el también nos soño…”

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