Amor Capitalista

A diferencia de lo que el público general puede llegar a pensar, el capitalismo no es solo un mero sistema político-económico que rige a los mercados y a las naciones del mundo contemporáneo. No, el capitalismo más allá de su importancia política también existe como un sistema social y en especial como un sistema que se ha logrado funcionar con muchos de los elementos culturales presentes en las sociedades modernas. Tanto se ha fusionado con ellos que en algunos casos ya no existe una frontera visible entre ambos términos.

Durante la era en que el feudalismo regia como sistema político-económico las relaciones interpersonales existían únicamente como formas de poder. Los príncipes y las princesas de los imperios contraían matrimonio únicamente para incrementar su poder político. Mientras que los seres humanos comunes y corrientes buscaban relaciones que les pusieran traer un bien económico. En ese momento no existía aún él sentimiento llamado «amor», si no únicamente las relaciones de poder. Si alguien no cree en lo que acabo de decir y piensa que la pobre campesina podía llegar a ser la esposa del príncipe del reino, entonces es hora de quemar los DVDs de Disney y comenzar a leer más libros de historia.

Pero con la Revolución Francesa vino la idea de la «libertad». Y con dicha idea se creo lo que hoy conocemos como la institución del «amor».

La idea de poder elegir a una persona para crear una relación interpersonal fue el nacimiento del amor como institución. Por qué no hay que equivocarnos, tal vez actualmente seamos seres individuales, pero existe una gran diferencia entre la individualidad y el aislamiento. Y este último es un concepto prácticamente imposible en la práctica en las sociedades actuales. Las relaciones sociales son parte de nuestro día a día y es por ello que se busca la creación de ellas como seres sociales que somos.

Pero con la creación de la idea de amor está se alineó con el sistema político-social existente. Es decir, el capitalismo. El amor se ha convertido poco a poco en un producto, un producto que debe ser vendido. Un vestido que deja poca imaginación, una camisa desabotonada, el color de moda al rededor de los ojos, un dato poco interesante. Los humanos intentamos día a día vender nuestro cuerpo e intelecto para poder así conseguir alguien interesado en la operación. El amor es un producto incluido en la canasta básica y por ello todos debemos venderlo o comprarlo. Si tienes amor, entonces tienes el producto deseado por todos. Si tienes a la persona con mejor cuerpo, con mejor intelecto, con mejores capacidades físicas o sociales, entonces tienes el poder adquisitivo sentimental que todo el mundo quiere tener. Aún cuando tal vez aquel producto sea defectuoso o que no te satisfaga, lo tienes, y es lo importante. Un mensaje en tu celular de esa persona con un emoticón de corazón tiene la misma relevancia que un vaso con él logo de la sirena o el dispositivo con la manzana mordida. Las relaciones son nuestro reflejo del ser social hacia los demás. Tenemos que tener el objeto, tenemos que venderlo, o en su caso, comprarlo. Entre mayor sea el número de demanda de tu objeto, entonces tienes un poder mayor. El amor no es un sentimiento, ni la fuerza más poderosa del mundo, es solo un objeto, nada más. Es algo que presumir, algo de lo que sentirse orgulloso y mostrarlo a la sociedad. El amor es parte del capitalismo como cultura y nosotros somos consumistas excesivos de los productos sociales.

La buena noticia, es que allá afuera aún existe gente lo suficientemente estupida para ir en contra de lo establecido. Para ir en contra de aquellas supuestas «verdades absolutas» que tanto se nos repiten. Que no cree que las relaciones interpersonales sean meros productos de una sociedad claramente corrompida por un sistema económico fallido. Existe aún gente allá afuera que saber que la palabra «amor» es de un significado vacío y lo importante no está en la institución, si no en la parte artística de la palabra, en aquello que nos hace sentir y manifestar diversos sentimientos. Que una relación íntima entre dos personas no depende de los contratos sociales ni mucho menos de los prejuicios políticos, económicos y socioculturales. Gente que decide generar lazos con aquellas personas cuya base existencial es más relevante que la aprobación de un sistema lleno de mentiras contadas por extraños y conocidos. Hoy levanto mi vaso por aquellos que no etiquetan dichas relaciones y que están dispuestos a sentir y a sonreír por aquello sin importar cuanta gente les dice que son incorrectas. Me quito el sombrero y hago una reverencia por ustedes.

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