El América se cae de Ambriz.

El centenario del equipo más ganador de México.

Para ganar, en el fútbol como en la vida no hay una fórmula perfecta, sin embargo hay ciertas características que nos acercan más a la victoria que al fracaso.

Club América, Campeón de la Liga de Campeones de la CONCACAF 2016.

En el caso específico de un entrenador de fútbol, existen dos grandes cualidades necesarias para dirigir a los grandes equipos, a los equipos ganadores. La primera, es ser un gran estratega, en este aspecto, “Nachito” tiene credenciales, se nota que estudia el juego, nadie duda que sea un hombre trabajador y en el balance general entrega un porcentaje de efectividad positivo. La otra es ser un gran líder, tan ambiguo como el término mismo engloba varias aristas, pero me enfocaré en sólo un par. El entrenador de un equipo de fútbol es el principal motivador del conjunto, es quién convence a los jugadores de los objetivos y de cómo conseguirlos. Pero lo que a mí en lo particular me parece la cualidad más destacada de ser un gran líder del banquillo es la de “imprimir tu sello”. El gran DT no sólo es un gran estratega/motivador, es quién logra convencer a sus jugadores de una idea futbolística al grado de, independientemente de ganar o perder, la idea permea de tal manera en el cuadro que es matereliazida en el terreno de juego. Esto no es tarea fácil, toma mucho tiempo, mucho trabajo y algo más.

Nacho Ambriz, el timonel del Club América en su Centenario.

Aquí es donde la cosa se pone difícil, aquí es donde Ambriz falla. Hemos visto a este conjunto ganar y perder de maneras distintas, más allá de la linea de 4 o de 5, este equipo ha carecido de personalidad en la cancha. Conocimos al América del “Piojo”, todos sabíamos a lo que jugaba, era un América que aún perdiendo, lo hacía a su estilo. Miguel Herrera le regresó la identidad de equipo espectacular al cuadro de Coapa. Luego vino el Turco, un América más equilibrado, cambió su linea defensiva y lejos de desbordarse al frente era un conjunto más sobrio pero igualmente efectivo. Después llegó el “Ferrari” que nunca arrancó, aún así, el Matosismo tuvo sus esbosos de el equipo que aspirar ser y Matosas se murió con la suya. Así llegamos a nuestro capítulo final, las Águilas del Centenario, las Águilas de Nacho Ambriz. Un conjunto que por más que estudio no los puedo definir. A veces equilibrado, a veces temeroso, a veces ariesgado. Golea, lo golean, ganan y pierden con caras distintas.

Sabemos de la presión, sabemos que no es lo mismo estar en ese banquillo que en cualquier otro. Sabemos que no es fácil. Por eso es el más ganador, por eso es el más importante. Porque en América las formas SÍ importan, porque si se pierde tiene que ser igual que como se gana, haciendo evidente que estás viendo al equipo que divide a un país, que es máximo atractivo de la liga, el lugar al que todos voltean y de quién (bien o mal) todos hablan, todo el tiempo.

Viendo el «Cásico de Cásicos» no dejaba de pensar una la frase que escuchaba seguido en los juegos de mi infancia: “Se cae de hambre” le gritaban al flaco que en cuaquier jugada salía volando sin razón evidente. Eso pienso cuando veo a este América caer. Cae sin razón evidente, cae porque sí. Ojalá me equivoque, pero no puedo dejar de pensar que este América se cae de “Ambriz”.