2/1/16. El sesgo del superviviente

Dicen que la historia está escrita por los vencedores. Así es, es obvio. Tenemos la extraña sensación de que siempre la cola de al lado es la que avanza más rápidamente, la del súper o la de la autopista. Y esa percepción nos convierte automáticamente en perdedores.

Los milagros, el sueño americano, el actor triunfante en Hollywood, el pobre de solemnidad que se transfigura en rico de la noche a la mañana e incluso el inmigrante que, de entre el lodo más embarrado, llega a ser alguien en un nuevo mundo. Son todos ganadores. Y tú no.

No se preocupe. La gran mayoría estamos en la caja equivocada. Debimos ponernos en el pago manual de la autopista. Porque todos tenemos la perspectiva del superviviente. El sesgo del que sigue viviendo.

Pero consuélese, gracias a nosotros la especie humana sigue adelante. Nunca, como seres pensantes, nos fijaremos en el que muere rápidamente. Para nosotros es más importante saber cómo consiguió escapar del león mi vecino de al lado que pensar en todos los que no consiguieron zafarse de las garras. Es un rasgo evolutivo.

Por eso hacemos ricos a más de un listo que nos cuenta cómo triunfar en los negocios, el amor, la vida… Si quiere hacerse rico, no compre un libro que le diga cómo conseguirlo -las probabilidades de replicar el éxito son mínimas-, escriba ese libro.

Ya lo decía Santiago Rusiñol: “Engañar a los hombres de uno en uno es bastante más difícil que engañarlos de mil en mil. Por eso, el orador tiene menos mérito que el abogado o el curandero”.