Tuve un sueño extraño hoy por la tarde, acostumbrada ya a tantas siestas vespertinas y a ser visitada regularmente por fenómenos como la parálisis del sueño y los terrores nocturnos, no es precisamente que la temática de mi sueño fuese rara en sí, si no porque en lo personal nunca había tenido una charla sincera conmigo, una en la que me presentara frente a mí y me dijera “Oye, deberías prestar atención a esto”.

Así fue en mi sueño. No recuerdo ver mi rostro, no recuerdo que fuera yo pero sé que lo era, y ahí estaba, sentada frente a mi, sosteniendo entre las manos todas aquellas pinturas que hice alguna vez.

O al menos en el sueño yo sabía que las había hecho, eran horribles, los trazos, la mancha, la forma, los colores, nada tenía sentido.

“¿Qué estás haciendo? ¿No te has dado cuenta que lo tuyo es el dibujo y no la pintura?” Vino a mi mente una idea, un pensamiento que ya había acariciado antes.

Como artista en formación, a punto de terminar la licenciatura, últimamente he estado lidiando con los demonios del “¿Qué carajos estoy haciendo con mi vida?” y el temor constante a no encontrar un camino que me permita desarrollarme profesionalmente y no morir de hambre.

En el sueño le daba la razón a mi otra yo, y me prometía concentrarme en el dibujo, aunque en la realidad no soy un fracaso pintando.

Estoy contenta con que recientemente voy encontrando mi rutina para dibujar todos los días y darme un espacio para concentrarme en practicar, dejar de lado Twitter y las distracciones ha sido difícil pero me ha servido mucho.

Creo que mi sueño, más que un decirme a mi misma que deje la pintura y me enfoque solamente en dibujar, es más un “sigue practicando y dedicale todo el tiempo que puedas a tu arte“.

Un amable recordatorio de mi, para mi.