Le hice conocer todas mis heridas más profundas, con el propósito de que jamás las cavara.

Le hice pensar en mi lado perverso y sucio, con el propósito de que nunca me dejara de ver cómo una mujer.

Le hice conocer mis lágrimas en la almohada, con el propósito de que nunca me hiciera mojarla.

Le conté que mi primer amor no fue el amor de mi vida, con el propósito de que él ansiara serlo.

Le conté de el poco amor de mi padre hacia mi madre, con el propósito de que no se repitiera la trama.

Le hice conocer mi risa y mi alegría para que si algún día quería irse le hiciera falta tanto ruido en su vida.

Le cante al oído hasta hartarlo con el propósito de saber si aún me amaba después de eso.

Le dije te amo en cada pelea, con el propósito de que supiera que esperaba que esa no fuera la última.

Le dije que lo extrañaba cuando se iba, con el propósito de que me protegiera.

Le dije que me imaginaba a nuestros hijos con el propósito de que algún día los tuviéramos.

Le hice saber que a veces creía que me era indispensable con el único propósito de que nunca me hiciera falta.

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