Monotonía

No sé si a todos les pase pero a mí lo que me inspira a escribir es no estar del todo bien, estar inconforme, estar deprimida, estar indignada, estar cansada de algo, estar en dificultad de disfrutar los pequeños momentos que sacan las sonrisas más sinceras. Por algo será que dicen que nos volvemos artísticos cuando tenemos el corazón roto. Hoy por ejemplo lo que me tienta a escribir es la monotonía, escribo quitándole tiempo al trabajo porque tengo la certeza de que las horas que perderé dando vueltas en los asuntos van a ser muchas más si no escribo, si no cuento esta historia que en el fondo creo que nadie nunca va a leer.

Me levanto a veces a las 6:10, otras veces a las 6:30, y otras a las 6:45. No importa. Siempre se me hace tarde. Siempre llego a tiempo. Siempre es la misma rutina.

El sentido de la vida no está en ser un robot que al parecer ha sido autoprogramado para cumplir con todas las tareas que el día a día exige, es por eso que algunos, muchos, hoy estamos viviendo la vida sin sentido y estamos en esa zona de confort en la que no dejamos que nada extraordinario nos pase, y al hacer las cosas de este modo nos privamos de la emoción de las sorpresas. Pero existe una pequeña posibilidad de que en la estricta rutina de minutos contados y sonrisas minimizadas pase algo que te robe el corazón un momentito y luego te lo traiga de vuelta, hoy por ejemplo fue un mensaje de whatsapp de mi papá a las 7:00 am dedicándome una canción, es ahí cuando te das cuenta de toda la felicidad que le hace falta a tu vida y le echas la culpa a la rutina, o por lo menos eso es lo que yo hago, ya sé.. Qué idiota.

¿Quién tiene la culpa de lo que nos pasa en la vida sino nosotros mismos?

Ah! Pero es que para qué culparnos si siempre es más fácil hacernos creer que somos perfectos y lo malo que nos pasa es porque el resto del mundo está mal. No me parece justo, aunque sé que la justicia no existe aquí ni afuera del planeta, vivimos la vida que decidimos vivir, soportamos lo que creemos podemos aguantar, llegamos tan lejos como queramos. Así es, por más cruel que suene, pero tiene su lado bonito y es que también podemos decidir qué nos hace felices, y podemos hacerlo más y mucho más y nunca aburrirnos porque de eso se trata la felicidad.

A mí por ejemplo me hace feliz escuchar la música que me gusta, sea feliz o triste, así a otros no les agrade (por eso la escucho sólo para mí y así no tengo que torturar a nadie), me hace feliz tomar agua aunque eso suene bobo, me hace muy feliz tener una bonita relación con mis papás, me hace feliz hacer ejercicio y que al otro día me duela cada parte de mi cuerpo, me hacen feliz las duchas largas de agua caliente, y por eso trato de hacer siempre y mantener estas cosas que para otros serían tonterías pero a mí me brindan alegría. Estar menos triste si es un poquito complicado, porque sabemos qué cosas nos hacen daño y simplemente no podemos dejarlas ir, escogemos sufrir y cargar con el peso de tener que hacer felices a aquellos que no todavía no saben serlo por ellos mismos, nos aferramos a estas ideas absurdas y sin darnos cuenta limitamos nuestro vuelo, porque las alas no se cortan, y ahí estamos cual pingüino teniendo alas que no usamos y dando pasos pequeños porque nos gana el miedo a lo desconocido.

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