Almas corridas

Por David García Castillo

Juliana y sus padres, como cada ocho días, habían llegado a casa luego de asistir a la misa dominical. Faltaba una hora para el medio día. Su padre Carlos se encerró en el cuarto de estudio con la excusa de preparar la clase de Constitución que dictaría al otro día a los chicos de último semestre de Derecho de la Universidad Nacional. Su madre Carmen se dirigió con prisa a la cocina para preparar el almuerzo. Y Juliana, en cambio, se acostó en el sofá de la sala, luego de encender el televisor.

Carlos echó candado a la puerta, prendió el computador y accedió a una página porno. Con los audífonos puestos, se aflojó la correa del pantalón de pana y empezó acariciar su miembro erecto mientras evidenciaba un acto sexual lésbico. Luego de algunos minutos su cuerpo yacía exhausto sobre la silla…

Juliana ignoraba los titulares del noticiero del medio día sobre los acuerdos de paz que se estaban firmando entre los rebeldes y el Gobierno Nacional. Recostada boca arriba en el sofá, fisgoneaba desde su celular las fotografías que compartía su compañera del colegio, Valentina, en su página de Facebook. Tenían la misma edad, 16 años. Con sumo cuidado, porque su madre estaba cerca de la sala haciendo el almuerzo, infiltraba dos de sus dedos bajo su minifalda azul. Luego de ver a su amiga con diferentes vestidos de baño y trajes apretados, estiraba sus piernas con gran suavidad, mientras la mirada apuntaba al techo como si estuviese viendo al mismísimo Arcángel…

Carmen preparaba el “riogo” para echárselo al sancocho que dentro de poco estaría listo. El sonido de la olla pitadora opacaba los noticieros de la emisora. La mujer, antes de servir, entró al baño de invitados que quedaba al lado de la cocina. Se subió el vestido blanco hasta el abdomen y empezó a tocarse la entrepierna hasta llegar a su genital. En susurros pronunciaba el rezo del “Dios te salve…”. Luego de tres rezos descansó sosteniéndose del lavamanos mientras sus piernas flaqueaban…

Finalmente Carmen sirvió el almuerzo. La familia se sentó en el comedor y, en silencio y los rostros serenos, atendieron al noticiero de las doce.

“…Este proceso de paz no tiene vuelta atrás…- …Un joven en el norte del Cauca fue baleado por el grupo guerrillero…-….campesinos se enfrentan con la fuerza pública en defensa de….-… niña con cáncer muere por no recibir la autorización del seguro médico….”.

Carlos, el primero en terminar de comer, apagó el televisor y regresó a encerrarse en el cuarto de estudio. Carmen recogió los platos de la mesa, menos el de su hija que aún no había terminado, y se fue a recostar en la cama de su habitación. Juliana, en cambio, se extendió en el mueble nuevamente con el celular aún en sus manos. El radio, que estaba en la cocina, quedó encendido con la emisora que transmitía la canción de “La Tierra del Olvido”:

“Como me mueves el alma 
 Como me robas la calma.”