¿Dónde se atesoran los recuerdos?

Maria Alejandra Rivera

Marzo.

Esta tarde la pequeña entró a la habitación. Me preguntó si la llevaría al parque como lo había prometido. Pero no recuerdo haber hecho tal promesa. Que sí abuelito no me vas a decir que no, que la abuelita estaba ahí cuando me lo dijiste. Segura de sus palabras, Laura salió corriendo de la habitación buscando a la abuela, para demostrarme que ella tenía la razón.

Caminamos algunas cuadras, y una vez en el parque, ante todos los niños que jugaban, mi pequeña Laura buscó una banca y nos sentamos. Hablamos de sus padres, de Bruno su perrito que parece estar enfermo; le sugerí que jugara con los demás niños pero ella siguió hablando de la abuela, de sus padres, de la casa, así hasta que la noche fue llegando y decidimos regresar a casa. Caminamos, caminamos más de algunas cuadras, pero la casa no estaba. Por qué no vamos a casa abuelito. Pero no fui capaz de decirle que había olvidado cómo llegar.

Junio.

Mi amor ha perdido la paciencia, Isabel no se enojaba hace mucho pero hoy me ha dicho que me va llevar al médico. No puede ser, me dijo, casi te haces matar por ese carro, es que no vez que es peligroso pasar una calle así. Mientras me regañaba, preocupada, yo contemplaba sus ojos, es lo único que no quisiera olvidar nunca, porque siempre me miran con amor.

Noviembre.

Más de un mes sin dormir bien. Ya yo no estoy viviendo bien, Isabel, mi amor, se ha vuelto paranoica, dice que ya no puedo entrar a la cocina, que porque según ella dice, que yo hice mierda el día, cuando quise preparar unos huevos revueltos. Ahora ella me viene a decir, cuando me estoy bañando, que me ponga pantalones largos y saco, si es que llueve, y yo miro por la ventana que no llueve, entonces me da calor por el cuerpo y ella que me quiere poner sus sacos, todo el tiempo.

Diciembre.

Fuimos al médico con Isabel. Alzheimer, decía en la historia clínica. Para qué fuimos, ambos sabíamos eso ya, pero solo que le habíamos dado muchas vueltas al asunto, cada uno sin decirle al otro que lo estaba pensando.

Enero.

Viene gente todos los días, yo ya no quiero que venga gente ni quiero que la familia se siga preocupando así. Porque estoy alterando su vida. Como ya no puedo ir al parque con la pequeña, ella me trae plantas, flores y dibujos del parque, me dice que así no lo dejaré en el olvido. A mí sí me gusta que ella venga, ella es más que gente. Me duele pensar que voy a perder el recuerdo de la pequeña hablándome en el parque.

Los días más lindos los he apuntado, pero Isabel me dice que no estoy escribiendo la verdad. Pero eso qué va importar, cuando luego vaya a leerlos y no los pueda ni recordar. Qué miserable vivir y luego terminar enfermo y vacío.