El ruido del presente
Su cabello: castaño. Peso: aproximadamente 50 kg. Quizá 40. Edad: jamás se lo habrá dicho. ¿Acaso habrá evitado, por decoro, preguntarle su edad? Tal vez en una fútil conversación lo haya revelado. Su rostro es. –Vacilación. Vacilación. Vacilación-.
El sol que inaugura cada mañana trae consigo el horror del olvido. Despertar y descubrir que son apenas el pálido reflejo del ayer. Desde que tiene memoria- es decir, un balbuceo de apenas dos o tres difusos recuerdos- él está condenado a olvidar.
“Fecha: han pasado 10080 minutos desde nuestra llegada. Lo sé porque desde entonces registro con excesiva minucia nuestro acaecer en el nuevo hogar. De seguro, la máquina debe haberse averiado por el trajín del viaje. Las provisiones deberían aguantar todavía una semana más. Una extraña sensación me invade cada mañana con los primeros rayos del sol…”.
Había escrito, sin saberlo, el prólogo de su desgracia.
“Rostro: blanco. Ojos color negro azabache. Cabello: castaño tenue. Estatura: 1.60. Quizá mida unos centímetros más. Peso: 60 kg. Sexo: Mujer. Hombre. Mujer. Debe serlo. No lo habría olvidado tan fácil.”
“Hoy hemos explorado la densa selva.y por fortuna hemos encontrado una fuente de agua, Al parecer los nativos han desaparecido. y no han dejado rastro alguno, Me es difícil recordar, Me he esforzado una y otra vez. aunque en vano. por recordar instantes del viaje, Todo intento es inútil, Qué día es, La noción del tiempo me es confusa, Aún conservo el reloj de mi muñeca. mas no logro descifrar la hora. ¿Acaso existe el tiempo acá?”
“su cabello: oscuro. sus ojos: oscuros. su estatura: oscura. Quizá mida unos centímetros. ¿Tiene peso? ¿Sexo? Creo que he empezado a olvidar.”
Despertaba día tras día, con la única certeza de saber que el ayer no existía. El pasado era pulverizado en cada sueño. Reducido a fragmentos de memoria, tan minúsculos, que resultaba imperceptible para sus recuerdos. Lentamente observaba impávido cómo cada peldaño de su vida empezaba a desdibujarse, hasta tal punto, que difícilmente reconocía su rostro. ¿Acaso debía concebir una vida sin recuerdos? ¿Debía reconocer la inminente muerte de su pasado y darle la bienvenida al reinado del presente?
“su cabello ¿tiene cabello? Sus ojos su estatura centímetros ¿ELLA EXISTE? ¿EL VIAJE? ¿HICIMOS UN VIAJE? ¿LAS PROVISIONES? ¿LA MÁQUINA? ¿EXISTE?”
Y pensar que semanas antes se regocijaba al pensar que había escapado del infierno de la existencia, tan sólo para verse ahora condenado ahora al olvido eterno. Habían pisado tierra en un mundo donde el ayer no existe. Un mundo donde siempre es hoy.
“Olvido luego no existo”
Su destino estaba sellado. Su suerte estaba echada. Su futuro resuelto. Su existencia se desvanecía lentamente. Estaba perdido, y ni siquiera le bastaba la eternidad para encontrarse. Sus recuerdos se consumían lentamente, como el fuego que arde incluso después de la muerte. Su mente se reducía a un denso mar blancuzco, el cual ahogaba sin reparo a su memoria. Su identidad había desaparecido en absoluto. Su corazón se había cegado, y aún peor, había olvidado.
“hyo eh loivadod”