Piensa positivo

Tomás es un hombre de contextura gruesa y tez trigueña. Se divorció hace tres semanas. Aún hay cosas suyas en la casa donde vivían juntos. Camina por la quinta. Ve una mujer de edad avanzada, cabello lila por mal uso de un producto cosmético y gafas redondas que, como lupas, agrandan sus pupilas y hacen de su imagen algo caricaturesco.

“Ser Feliz

es tu

Decisión”

¿A quién se le ocurre estampar esta frase en una camiseta? O, peor aún, ¿a quién se le ocurre usarla? Si me hubiera hecho esta pregunta ayer, hubiera pensado que a NADIE, JAMÁS. Tal vez ni siquiera lo hubiera imaginado. Ahora, viendo a esta mujer, me pregunto si sentirá orgullo al usar esa prenda. Si camina convencida de que su camisa es la salvación para todas esas personas que son infelices. Quién sabe, tal vez para ella sí lo fue.

“Si ella fuera una anciana, seguramente sería como esa mujer”

-¿Cómo me queda?

-Se te ve bien- afirma mientras sube su ceja derecha y tuerce un poco los labios.

A ella le molesta que haga eso. No tolera que muestre mi desacuerdo ante su vestimenta, no por grotesca sino por los mensajes, algo pretenciosos, que se imprimen sobre las telas. Ella sabe lo que pienso. Usar camisetas con frases de motivación es su estilo, no el mío. No soporto que me digan cómo debo ser o sentirme. Mucho menos una prenda de vestir.

Yo era feliz cuando estaba contigo. Sé que tuvimos desacuerdos, como todas las personas cuando su existencia se mezcla con la de otros. Se cruzan los límites. Pero no supimos llevarlo de la manera correcta. No supimos avanzar sin dejar que la frontera nos mantuviera alejados. No somos radicalmente diferentes, teníamos nuestros momentos de plenitud.

-Bailemos

-Pero no est…

-Solo bailemos- dice mientras arrastra la planta de sus pies por el suelo y mueve sus brazos hacia la izquierda.

Eso nunca fue suficiente. Pero sabía que era feliz porque podía ser yo mismo sin sentirme juzgado.

-Tomás, esto ya no está funcionando. Sé que fuimos felices y nos amamos, pero siento que las cosas han cambiado. Vos y yo ya no somos los mismos de hace unos años. Necesito espacio.

-…

¿Acaso esperaba que dijera algo?

Da pasos sobre el asfalto mientras mira hacia abajo para no pisar las grietas del suelo ni las líneas que separan un cuadro de cemento del otro. Espera a que el semáforo cambie y pasa la calle para entrar a la estación del masivo más cercana. Corre porque tiene la fortuna de entrar simultáneamente a la llegada del bus. Entra con dificultad mientras el pitido de las puertas indica que ya no hay vuelta atrás. No tiene necesidad de sostenerse con los brazos para mantenerse firme.

-Sí, parce. Creo que me enamoré.

-Tan huevón.

Tomás sonríe, como si conociera el final de todo y le alegrara darse cuenta que siempre habrá alguien cayendo. Él ya lo había hecho. Esperaba no volver a levantarse.

María Victoria Espinosa.

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