SER Y FUE

Por: Paola Lopez

- Un poquito no más, poco poquísimo; tres centímetros si mucho. –

Tengo el cuello más largo, tú los hombros más arriba. Soy más alto sí o sí, sin importar cuánto te empines, el tacón de los zapatos o la irregularidad del suelo. Soy más alto; mucho más que tú y tú pequeñísima moral. Tienes rostro pero no corazón. Posees la misma cara que el día en que te amé, la misma chaqueta con el alma un poco más roída. Te habría perdonado lo que fuera, menos el engaño descarado; la falta de esfuerzo para mentir; tu poca gracia para escupir al suelo los trozos de mí. Seguirás siendo más baja, con las piernas enterradas en lo profundo del asfalto. Añorándonos, recordando, ya no siendo. Sí, sigue usted teniendo la misma cara, pero esta vez ya no es usted.

Esta noche he decidido olvidarte, aventé tus besos de mi boca y le dijo adiós a la figura de tu mano contra la mía. Quemé mis dedos al calor de tus mentiras encendidas. Te me has ido, te he botado, he viajado y te he perdido. No quiero irme de este mundo con tu recuerdo herido, no podría seguir sintiendo o siendo este corazón marchito. Eres la foto de un pasado mejor, el recuerdo de un antiguo sueño, ya efímero. Olvidadizo y olvidado.

Cinco pasos a tu lado, un suspiro inédito, carraspeo mi garganta y te vas. Viento, vacío, silencio. No se te inmuta el ama, no se te mueve un pelo. No soy más; soy menos. Yo solía dibujar tu rostro con mis dedos. Cejas, ojos, nariz y boca: un bello. Guardar tu imagen era mi mayor deseo. Mi memoria táctil, un baúl de recuerdos. No somos, fuiste. Absorbiste mi imagen de tu vida. De un soplo rápido suprimiste mi recuerdo. Siempre fue tan fácil olvidarte de mí. Desdeñas de mis esfuerzos. El error siempre me acompaña y no fuiste buen consejero. ¿De qué te ha servido anularme, si aún guías mis pensamientos? Me quedaré y tendrás que volverme a tu mente. Seré por encima de tus anhelos.

Yo quise retener tu rostro para siempre entre mis manos. Cierto día que te vi, la noche que te quedaste. Siempre quise retener tu mano entre mi rostro. Una caricia eterna ente los dos, que nos llevara más allá de las murallas del tiempo, de lo que se supone y nunca ha podido ser. Yo quise para siempre anclarme a tu recuerdo. Ser siempre, contigo, para ti. ¿Y ahora? Afrontarme diluida, transparente, desteñida, cristalina. No me sirve ser traslucida ante ti, me atragantan las palabras que te digo y no escuchas, me laceran las miradas con que me atraviesas sin posarte en mis detalles.

Me iré, lo siento, no tan lejos como he decido dejarte pero me iré. La mayor vicisitud de tu castigo, son las cargas de las que debo despojarme. Parece siempre seré yo quien más pierda: me marcho siendo nada, te dejaré alejándote con todo.