Un cuento de mierda

Un grito ensordecedor inauguró la mañana del 03 de septiembre de 2006, cuando los habitantes de Camino Real, un conjunto ubicado al sur de Cali, resistían los últimos embates del sueño contorsionando sus brazos en el aire y desnudando hasta la más minúscula carie en cada bostezo.

El sonido estridente provino de la casa 05, en cuyo piso residía una familia que, aún después de cinco años viviendo en aquel sitio, les resultaba a todos completamente desconocida. La menor de los tres hijos que conformaban la familia, habría advertido el desafortunado suceso. Mientras tanto, ya empezaban a armarse los corrillos, afuera de la casa, a compartir lo poco o nada que sabían o habían oído de quienes apodaban “Los Martínez”, sin siquiera la certeza de que éste fuese su apellido.

Pues bien, aquel lugar, ubicado en un barrio acomodado del mismo nombre, era considerado de gente refinada, de actuar impoluto. No obstante, en la intimidad del hogar 05 se había perpetrado un crimen. El hedor del baño corroía cada centímetro de piel, por lo cual la familia había sellado aquel maldito espacio. Mientras tanto, todas las miradas apuntaban a Gustavito, el hijo menor a quien siempre acusaban en ausencia de un mejor victimario.

Una vez cesó el estupor, Gustavito despertó por enésimo vez sus dotes de investigador y configuró la triada que a posteriori terminaría demostrando su inocencia: proximidad, contextura, y hedor.

I. Proximidad

“El baño, ubicado en el segundo piso de la casa, estaba en un punto medio entre mi habitación y la de Juan Carlos, mi hermano. Ahora bien, sería erróneo ignorar que mi madre, cuya pieza está en el tercer piso, es una acérrima visitante, a pesar de contar con un baño en su respectivo piso.”

II. Contextura

“Sin duda alguna, quien quiera que fuese el autor de tal desfachatez, demostraba una dieta poco saludable. La forma per se evidenciaba un deshidratamiento crónico. Asimismo, era notorio que el malhechor tampoco masticaba lo suficiente, pues la comida no había sido bien procesada por su aparato digestivo. Incluso el color delataba un profuso gusto por las comidas procesadas, a diferencia de la natural inclinación por la comida orgánica de la cual a menudo nos ufanábamos con nuestros pares”.

III. Hedor

“El olor asfixiaba a todo aquel que se atreviese a siquiera girar la perilla en busca de explicaciones. Por ello, fue necesario que usase un tapabocas, aunque a fin de cuentas resultase un simple paliativo. Aquel hedor fue quizá la pista de mayor peso que allanó el camino hasta encontrar al culpable”.

El Titanic que había encallado en las aguas turbias del inodoro se resistía a hundirse. La negligencia del capitán, el hijo mayor de los Martínez, habría sido la causa del siniestro. Su dieta, y el patente estado de deshidratación en el que se encontraba habían terminado por sellar su penoso destino: el titán marrón habría de desaparecer horas después, gracias al heroico proceder de la madre, quien dispuso de una jarra de agua hirviendo para tal cometido.

C.sW

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