Un mundo a través de la puerta

Por: Andrés Felipe Romo

Eran las seis de la mañana. Sonó la alarma. Carlos se levantó para ir a su primer día de clase en la universidad. Preparó un café. En su mente sólo estaba el estudio. Nervioso se dirigió a lo que sería su nuevo hogar; pues allí permanecería la mayor parte de su tiempo.

El primer semestre Carlos hizo méritos para ganarse el estímulo académico. Demostró por qué había ganado un cupo allí y por qué en su familia era un orgullo. Hasta ese momento todo era perfecto en la vida de aquel hombre. Nada lo atormentaba.

Con el tiempo, Carlos se topó con una chica en la biblioteca. Sus ocupaciones académicas pasaron a un según plano. Su mente no dejaba de pensar en aquella mujer. Quería encontrarla sin importar nada, quería saber su nombre.

Desde aquel encuentro, Carlos dejó de ser el mismo. Su promedio bajó considerablemente. No era el estudiante aplicado y dedicado que se conocía. Claramente sus prioridades habían cambiado. Ahora era la mujer la que rondaba sus pensamientos.

Pasó un mes, el tema parecía superado por el hombre quien ya se había olvidado de aquella mujer que lo cautivo. Estaban en clase, las miradas de todos se dirigieron hacia un mismo lugar. Una mujer de cabello negro, ojos claro y labios gruesos, había ingresado al salón. Carlos, se puso nervioso, no podía creer que la chica de la biblioteca estuviera en su clase. Antes de finalizar la jornada, Carlos tomó el valor y se acercó aquella mujer. –Hola, me llamo Carlos, ¿cómo estás?- La tensión se hizo grande, cuando esa mujer no respondió su saludo. Triste y decepcionado se fue a su casa.

Muchas veces trató de acercarse a esa mujer, pero la respuesta siempre fue negativa. No sabía el porqué, aquella chica lo ignoraba. Desilusionado trató de buscar una solución. Pasó el tiempo y la respuesta nunca llegó. La única manera de sentirla suya era grabarla durante las clases. Ese material video — gráfico era su única compañía fuera de clase.

Con el corazón roto, Carlos se refugió en un experimento. Día a día trabajaba en algo que según él sería su felicidad completa. Semanas de arduo trabajo en uno de los cuartos de la casa del hombre, dejó como resultado un nuevo mundo. Antes de poner en práctica su nuevo experimento, él decidió acercase una vez más a la chica.

Transcurríamos el tercer sábado de septiembre. Era día de amor y amistad en su país. Perfecta ocasión para acerca a ella. Compró chocolate y un ramo de flores. Se acercó tímidamente, y con voz entrecortada le declaró su amor. Ella lo rechazó. Carlos, no era el tipo de persona que ella le interesaba.

Carlos corrió. Lloraba desconsoladamente. Fue a su casa, ingresó al cuarto. Atravesó la puerta y llegó a otro mundo. Laura, la chica de la biblioteca. La que lo flechó. Ella lo esperaba enamorada. Sucedió como él lo aseguró cuando creaba su experimento, allí encontraría su felicidad completa.