Vacío

Al tiempo en que, el sonido ensordecedor del estallido de un planeta llenaba el oscuro silencio del universo, su nave arribaba en otras tierras. Tenía claro lo que quería. No soportaba la existencia de cualquier otra persona, máquina o ser, que no fuera la propia o los de los objetos que le representaban alguna utilidad: su computadora, su traje espacial y la nave en la que viajaba. Las puertas del vehículo se abrieron e inmediatamente sus extremidades saltaron a la superficie de aquel terreno polvoriento. Un par de miradas alrededor para detectar actividad. La gravedad era cercana a la de la tierra; podía caminar sin dificultad. Avanzó unos pasos, dio un par de patadas en el suelo para tantear el terreno y se sentó. Su traje le indica que el aire presente no es puro. El ambiente es cálido. Aproxima su mano a un bolsillo del traje y saca su computadora. La deja sobre el suelo. Ciento ochenta grados hacia la derecha y de nuevo hacia la izquierda. Sus codos apoyados sobre las piernas mientras sus manos, unidas como para hacer una plegaria, sirven de base para descansar su cabeza. Absorto, observa a su alrededor.

De todos los planetas anteriormente visitados, este es el más desolado.

Mientras en la pantalla de su máquina se dibuja un Transcribiendo…, él recuerda el resto de los planetas a los que ha ido: lugares cuya oscuridad superaba la del negro más profundo, sitios en los que le era imposible caminar por el excesivo peso de su cuerpo, otros en los que flotaba; lugares con humedades exageradas y calores infernales, suelos agrietados o inundados por líquidos tan densos como el petróleo; todos llenos de criaturas extrañas tan distintas a cualquier androide, máquina o humano visto. Pero aquí no había nada, solo arena.

Si de algo podía estar seguro, era de su latente deseo de ver perecer a cualquier vida existente. Quería estar solo, completamente solo. Por eso, siete años atrás había tomado la determinación de destruir cualquier planeta con vida del que hubiera registro. En su larga lista, este era el último.

Estar aquí es como estar en un desierto. Es casi perfecto.

Suspira, agarra su computadora y se pone de pie para recorrer el planeta.

-¿Alguna vez hubo vida aquí?- interroga a su computadora mientras camina en medio de la vacuidad del lugar.

-Eso no lo puedo responder, tendría el riesgo de equivocarme- recita la computadora con una voz mecánica.

Pasaron seis horas. Rodear el planeta no resultó en grandes hallazgos. Todo era una masa arenosa, sin vida perceptible a simple vista. A manera de reposo, volvió a sentarse en el mismo lugar y en la misma posición que había tomado horas antes. Miró hacia la pantalla de su computadora y vio tachados los demás planetas. Suspiró. Con la mirada melancólica, se fijó en la nada.

-Destruye el planeta.- exclama su computadora.

Su mirada y el tono de su voz demuestran su resignación. Lo que siempre había buscado.

-Pero aquí ya está vacío…

María Victoria Espinosa

Like what you read? Give Escrituras Parale(er)las a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.