Crítica | Teatro

Casa tomada

Sobre ‘Tilacara no existe’

Tilcara no existe. De Raquel Albeniz, con dirección de Alejo Nicolás Sambán. Con Raquel Albeniz y Amancay Espíndola. En No Avestruz, Humboldt 1857, CABA. Funciones los sábados a las 20 hs. Entradas $ 200 / $ 300. Mayo 2019.


En un departamento recoleto dos ancianas hermanas, oligarcas por herencia y tradición, mal resisten el ataque imaginario de la servidumbre recientemente despedida. Hijas de patrones de campo, herederas de la civilización Occidental, pelean una lucha de deícticos de clase: los rosarios y el jazmín versus el olor a maiz y las frituras; Wagner versus la pachamama. Como frankensteins malditas, deberán soportar ser la unión malcocida de la convivencia entre amos y esclavos.

Sobre el escenario, la habitación de las hermanas: con sus modos aritocráticos y una insistencia por amaestrar la naturaleza: se ven, oyen y huelen, una y otra vez, perfumes que son parches para lo animal. Y una situación que podría ser un juego hasta que se entiende, que es tapar puertas y ventanas para que no se cuele, en la forma de un hechizo, el vapor de las enemigas. De entrecasa y con la desesperación en aumento por la extensión de la infección, las protagonistas le van dando forma a una solución inquietante.

Comedia de xenófobia y racismo, Tilcara no existe se apoya en un sólido texto que abre in media res, desde la oscuridad de un caos que se explica muy rápido, y avanza con una dirección que sabe cortar y armar una serie de escenas en el tiempo justo y con la edición precisa. Sin riesgo de spoiles, solamente el final es un feliz redentor para tanto conservadurismo empolvado y delirante.