Fotografía: Male&dapa | Diseño gráfico: Fermín Vissio

Crítica | Teatro: “ Como si pasara un tren”, de Lorena Romanín


Como si pasara un tren | Dramaturgia y dirección de Lorena Romanín | Con Guido Botto Fiora, Luciana Grasso y Silvia Villazur | Vestuario y escenografía de Isabel Gual | Luces de Damian Monzon | Coreografías por Juan Manuel Branca Dauría | En El camarín de las musas (Mario Bravo 960, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina) | Entradas $ 100 — $ 150 | Funciones: Jueves 21 horas | Noviembre 2015.


Juan Ignacio es un chico con capacidades diferentes, con un grado de retraso que lo ata a depender de su madre más de lo que quiere. Ambos viven en un pueblo de Buenos Aires, donde gobierna una moral provinciana y no hay privacidad posible. A esta casa es que llega la prima de la ciudad que, como un rayo eléctrico, iluminará la vida de la pequeña familia, movilizará prejuicios y ayudará todos a crecer.

La escenografía es un trabajo muy elaborado de reconstrucción de la vivienda familiar, con objetos (muebles, juego de living) que consolidan un convincente realismo. Del mismo modo, el vestuario hace a cada personaje en su vida diaria, y apuntala las actuaciones de sus tres protagonistas, muy efectivas en sí mismas: el carisma de Grasso, la expresividad gestual de Villazur -que moviliza risas en la platea, en varias oportunidades- y la composición de B. Fiora, llena de gracia y dolor.

La obra se estructura a través de cuadros que conforman la sucesión de varios días y noches, compacto temporal de una necesaria crisis que hace temblar y re-ordena la rutina de los personajes. Los efectos lumínicos acompañan esta transición, del cálido al frío, del interior al exterior, con una naturalidad extrañada que se quiebra hacia la mitad de la pieza, cuando la pareja de primos ensaya una coreografía (!) que es libertad y vitalidad en un entorno donde antes todo estaba prohibido.

Romanín reconstruye un mundo, femenino y miedoso, que podría resultar asfixiante, pero la piedad y comprensión que tiene hacia sus criaturas las redime de cualquier tragedia, y las eleva a la condición de sufrientes luchadores. Por eso, Como si pasara un tren es una historia de esperanza y optimismo, donde la necesidad satisfecha abre paso al deseo, y el futuro ya no será una posibilidad que se espera, como el tren, tanto como un presente, ganado, que se vive y goza.