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Crítica | Teatro: “Ficción”, de Flor Berthold


██ Ficción | Dramaturgia y dirección de Flor Berthold | Con Milagros Almeida, Guillermo Berthold, Julia Dorto, Nicolás Espinosa, Lydia Stevens y Juan Zuluaga Bolivar | Vestuario de Luciana Cruz Font y escenografía de Ana Leiva | En el teatro El grito (Costa Rica 5459, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina) | Funciones los sábados a las 20 horas | Diciembre 2015.


Un aire almodovariano perfuma toda Ficción, con sus excesos, su sexualidad a flor de piel, esa naturalidad para exponer y asumir lo diverso (“Bi-sexual, bi-polar (…)” cantan en un momento). Y también se trata de eso, de celebrar el propio placer y recorrer el goce hasta la muerte, siguiendo únicamente la ley del deseo. Como en los últimos films del director español, aparece la preocupación por las pantallas (dentro de pantallas), los velos y las superficies planas de representación. Porque Ficción es un complejo entramado donde todo lo que se desdobla hace un guiño: está la dualidad ficción / realidad (se está filmando una película (ficción) sobre un hecho real (de la ficción) que es ficción) en un set de filmación que es un teatro (en la ficción, y en la realidad) mientras la obra discurre acerca del teatro (en el teatro) al tiempo que hace cine (pero hace teatro). Y los dobles siguen: un asesinato ha sucedido (en el real de la realidad diegética) y, mientras se intenta ficcionalizar como cine, parece que sucederá otro. Porque lo que se desdobla se repliega y repite sus crímenes, como si los sujetos solo fuesen esas superficies donde las pasiones se posan y pasan.

El complejo (y muy divertido) dispositivo de Berthold utiliza múltiples capas de exposición: el escenario se constituye con tres espacios bien diferenciados y, además, hay un monitor donde se visualiza la filmación de las escenas cinematográficas mientras suceden. Incluso, hay una pantalla gigante donde se realizan proyecciones. Las diversas combinaciones lumínicas construyen y alternan entre los diferentes universos de la obra (el dentro y fuera de cámara) con tanta simpleza como eficacia. Ficción, comedia coral desquiciada y brillante, merece los abundantes aplausos que la platea le devuelve hacia el final. Y, no exclusivamente pero sí en gran parte, por alcanzar un equilibrio entre la parodia auto-consciente del arte Contemporáneo y la vieja y leal tradición de la narración clásica y popular.