Crítica | Teatro: “Flores negras”, de Marcos de las Carreras


█ Flores negras. Dramaturgia y dirección de Marcos de las Carreras| Con Melina Medeot, Jerónimo Sabaté y Damián Smajo| Vestuario de Manuel Aversa y escenografía de Micaela Volpi| Luces de Francisco Odriozola| En Vera Vera Teatro (Vera 108, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina)| Entradas $ 100| Funciones los viernes a las 20:30 horas| Noviembre 2015.


Flores negras, melodrama de pueblo, cuenta la historia de dos infortunados panaderos que practican y fallan, una y otra vez, el salto de la frontera, la superación del límite propio hacia más allá del destino de cárcel de la propia clase. Contra toda la tradición occidental-burguesa del discurso igualitario, la pieza va marcando el cuerpo de sus protagonistas, a modo de castigo, con las consecuencias de cada una de sus malas decisiones; que siempre son, por supuesto, no aceptar la servidumbre voluntaria con amabilidad.

Lo brillante de Flores negras es que nadie se encarga de los aspirantes a desertores: el mundo solo, lo simbólico autosuficiente, se ocupa de que ellos mismos se aten la soga al cuello y pateen el banquito.

Con tono de picaresca tanguera, la obra se desarrolla en los años ´50 o ´60 del siglo XX, en algún pueblo pequeño del interior, con sus idiosincrasias particulares. En este sentido, el trabajo con el lenguaje es fundamental (un lunfardo tibio, cierto modo de entonar ensuciado de italiano). El ambiente, una cuadra de panadería recreada al dedillo, con maquinarias y costales incluidos, junto con los uniformes obreriles, son méritos que amarran el tono realista de la tragedia al barro de la Historia.

Pilla, avivada, la promesa hinchada de mentiras del rol femenino (una celebrable Medeot) será la tercera nota que traiga al mundo la armonía de un universo que se auto-restituye, donde los humildes se hunden cada día más. Por su compasión y elegancia, su exquisito manejo del humor y sus espléndidas actuaciones, Flores negras se consagra como una valiosa pieza para no dejar pasar.