Crítica | Teatro

‘Padre Carlos, el rey pescador’: La vocación


Para comprender que el teatro es la memoria viva de los hombres, donde se ponen en escena, se materializan, sus nudos conflictivos, Padre Carlos, el rey pescador, es la pieza representativa por excelencia: biodrama sobre Carlos Mugica, cura fundador del Movimiento de sacerdotes para el tercer mundo, asesinado en el contexto de los años ´70, la lucha armada, Montoneros y Lopez Rega, la obra es un documento fundamental, ilustrativo, apasionado, sobre la vida de un hombre que amó a los necesitamos, por sobre sí mismo y contra todos.

En apretados 90 minutos Pablo Razuk personifica a Mugica, y el espectador cree en las reencarnaciones porque ahí, al ras del piso, vuelve a la vida el confuso, el ambiguo, el hombre atrapado por la clase, las instituciones y el dogma. El hombre que de a poco (¿es Razuk o es Mugica?) nos hace comprender sus elecciones y sus ambiciones: carismático, magnético, el protagónico monológico es fascinante y conmovedor. Y ya se sabe: cuando se entiende al otro es mucho más fácil estar de su lado. Con un texto muy bien estructurado, dinámico y entretenido (de Cristina Escoiet) y la dirección de José María Paolantonio, que despliega el espectáculo por la larga sala del Teatro Korinthio.

Miguel Gomiz y Sol Ajuria son la música en vivo, la sangre auditiva que hace latir esta historia con fuerza de presente y las convicciones de siempre. Armoniosa en su concepción espacial, soportada en apenas unos pocos muebles, la materialidad de la función queda contenida en este cuarto religioso, exiguo. La estructura circular de Padre Carlos, con ese final poético, inolvidable (que se apaga mientras se aleja, navegando hacia el infinito) nos recuerda que la Historia es cíclica pero que, si vista de frente parece un redondel de repetición infinita, basta con cambiar de ángulo para adivinar el bucle, el resorte que sí, parece traer lo mismo, pero ahora en otro río, nunca en el mismo. Entonces se comprende que no hay sacrificios en vano, que lo hecho queda.