Divertido e impecable melodrama operístico: sobre “La extraviada”

[Crítica. TEATRO]

Por Olivia Avila (livy.avila@gmail.com). PCA CS, Junio 2015.


La extraviada. Autoría y dirección: Alejandro Viola. Con Roberto Romano, Alicia Muxo, María Rosa Frega, Ariel Gangemi, Alejandra Ríos y Verónica Diaz Benavente. Escenografía y vestuario: Cristina Villamor. En el Teatro Payró: San Martín 766, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina. Funciones: Domingos a las 17 horas. Reservas y más información.


¿Es La extraviada la versión grotesca de La Traviata? Victor Hugo parece decirle que sí al autor, Alejandro Viola. Entonces, la vida puede transformarse en folletín en cualquier momento y lo que llamamos realidad puede ser una tragicomedia. Así, sin rodeos, la obra nos sumerge en las profundidades del taller de costura de un teatro estatal, donde los vestuaristas pasan sus días entre mates y chismes, rodeados de telas y accesorios, y donde dos mujeres se disputan un cargo técnico y las atenciones amorosas del jefe de escenario.

De tanto en tanto tenemos oportunidad de ver y escuchar a la cantante lírica que ensaya una nueva versión de La Traviata, de Giuseppe Verdi y, también, ser testigos de los escarceos románticos de las protagonistas, Olga (Alicia Muxo) y Zulema (Maria Rosa Frega), con Rodolfo (Roberto Romano). El “galán”, aunque está casado y peina canas, no deja de provocarlas por lo que ambas se ven obligadas a librar batalla en dos frentes al mismo tiempo, el laboral y el romántico. Y, como “todo vale en la guerra y el amor”, cualquier escrúpulo sale sobrando.


El resultado de la puesta es exitoso porque presenta a dos estupendas rivales que no solo aportan gracia y grandes recursos actorales sino una acertada dosis de verosimilitud a sus personajes. Tanto Ariel Gangemi (Marcelo) como Alejandra Ríos (Graciela) acompañan adecuadamente y logran actuaciones hilarantes y sólidas. Las acciones en general tienen un ritmo que no decae en ningún momento sino que, por el contrario, se acelera hacia el final y llega a un clímax inesperado.

La inclusión de la cantante lírica Verónica Díaz Benavente, de gran técnica y expresividad vocal, resulta sumamente efectiva y contribuye a generar el clima “operístico” necesario; a su vez, actúa como “separador” entre escenas y acompaña desde lo emocional a los personajes, ya que va adelantando el clímax de la obra, que se transforma, inexorablemente, de melodrama en tragedia. Por otra parte, la inclusión de las arias de La Traviata brinda la oportunidad de disfrutar bellas piezas del repertorio de la ópera.


El vestuario y la escenografía completan de manera acertada la ilusión de taller donde trabajan las protagonistas, con mesas de corte, máquinas de coser, profusión de telas y percheros, mientras que el diseño de luces, de Gustavo Dimas, resuelve eficazmente los cambios de escena y resalta las apariciones de la cantante lírica.


La frase de Víctor Hugo incluida en el programa dice “Lo sublime es una combinación de lo bello y lo grotesco”. Allí donde La Traviata evoca la idea de lo sublime, La Extraviada recorre equilibradamente los bordes del grotesco, explora la idea de los contrastes e introduce los ribetes tragicómicos reconocibles del género.

En resumidas cuentas, la ajustada y efectiva dramaturgia de Alejandro Viola habilita el disfrute de un “melodrama operístico” como La extraviada sin ningún remordimiento. Es que, sin alejarse demasiado de los dramas que solían escuchar por radio nuestras abuelas, allá en los años ‘60, el autor agrega a los consabidos ingredientes la cuota necesaria de ingenio, humor e inteligancia (los diálogos sobre la problemática del escalafón laboral, por ejemplo), y logra un texto divertido y un relato cuyo ritmo resulta impecable.