Crítica | Teatro

El culto a [la imagen de la hija de] un líder

Sobre ‘Ningún pibe nace cheto’

Natalia y Juan son dos modelos, dos lectores de bibliografía universitaria, erudita, de marcos teóricos filosóficos, estéticos, políticos. Son dos soldados punk del pensamiento que allí, de espaldas a la audiencia, se dan ánimos para empezar. Natalia y Juan son interpretados por Natalia Casielles y Juan Miño, que se hacen pasar por ellos mismos para, en un juego de citas, relecturas y guiños, poner sobre la mesa, exponer para la audiencia, un ensayo sobre la imagen y el poder. Así, teatro hablado, recitado, en el que los parlamentos son teoría dura, y con el apoyo de un surtido de audiovisual que repone lo más oscuro del fascismo implícito televisivo, Ningún pibe nace cheto es la respuesta desde la politización del arte para la estetización de la política.

Objeto semiótico ella también, la pieza trascurre sobre una meseta emocional, entre la indiferencia y la desesperación: el tono monocorde de los intercambios dialógicos, este ping pong de conocimiento siempre redundante que explica todo y nunca satisface nada, solo se interrumpe cuando el antagonismo de clase ofusca con su incompatibilidad absoluta. ¿La solución, la salida provisoria? (nunca la libertad): música en formato de karaoke, ‘mal hecha’, ‘mal cantada’, risible, grotesca adrede. Así, Ningún pibe… sabe ser espectacular con los medios más impensados: entre la antropología de la imagen arcaica televisiva, Barthes y Deleuze, sorprende, conmociona, incomoda.

/// En el CC Ricardo Rojas, los viernes a las 21.30 hs. Entradas $ 100. Agosto 2017.

Reservas: http://www.alternativateatral.com/obra40156-ningun-pibe-nace-cheto