[Crítica | Teatro]
Las criaturas, las que pagan
Sobre ‘Paraty’

Paraty es un recreo cultural brasilero para la recientemente separada madre de una niña de 7 años pero, también, es el infierno personal del padre que debe cuidarla durante el fin de semana. Solución de compromiso, tomar de babysitter a un conocido de la familia. El contrapunto se plantea entre este último, pichón de artista esquizofrénico, y la supuesta cordura que representa la familia obrera.
Hay algunas otras polaridades que presenta la historia y funcionan como alarmantes cascabeles: la permanente victimización del personaje femenino, lo reactivo y animal del personaje masculino (pasividad / agresividad). La citada cordura capitalista y, su enemigo mortal, la locura outkast de los fuera del sistema (simulación última: el ‘artista’ en cuestión estudiará cine en New York). Como hay, también, dones que circulan para que el Capital no se detenga: dinero de un bolso a otro, referencias al nado y la piscina.
Con un marcado tono de realismo trágico, Paraty trae una poética de clase media alta, profesional independiente, de confortable interior burgués. Interesante, sobredialógica (hay una infinita telaraña de conversaciones inacabables que tal vez solo muestren los rotos, las costuras descosidas de las inexistentes redes sociales de la familia), se permite la fuga fantástica para no naufragar en un eterno mar de trivialidad doméstica. Así, abre con una advertencia, una premonición en la forma de un grafiti proyectado: “‘ It’s not dark yet, but it’s getting there’, Bob Dylan”. Porque, enunciativamente, se cuela la anticipación de algo sabido que ruega paciencia hasta la explosión. Y es por esta napa que corre lo más valioso de la obra.
/// En el Centro Cultural San Martín. Funciones los viernes y sábados a las 22.00 hs. Entradas: $ 130. Agosto 2017.
