“Psicosis” del Interior: sobre “Té de ceibo”

[Crítica. TEATRO]


Té de ceibo. Autoría de Gonzalo Demaría. Dirección de Alejandro Giles. Con Cristina Allende, Eduardo Calvo, Florencia Cappiello, Nicolás Furtado e Isabel Quinteros. En El Tinglado Teatro (Mario Bravo 948, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina). Funciones: domingos a las 18 horas, y martes a las 20 horas. Entradas $ 150. Reservas y más información aquí. Hasta el 28/07/2015.


Conformada por pequeñas metonimias inter-vinculadas, Té de ceibo es una híper-alegoría sobre la historia nacional. Como hipótesis central, propone que los altos mandos militares, gobierno de facto durante la década de 1970, serían el resultado de vínculos endogámicos entre representantes de la oligarquía terrateniente rural. En lenguaje llano: los militares como producto del incesto entre las clases altas. De modo figural, por supuesto. Lo más figural posible.

Si se lleva hasta sus últimas consecuencias, el planteo se torna todavía más interesante: el hombre blanco y bueno, limpio de toda maldad, cándido hasta lo insoportable, asexuado como los niños, que (producto de su psique desdoblada y esquizofrénica) por las noches hace emerger el acendrado del mal: un General violento, represivo, torturador y sádico.

Girando alrededor del núcleo central, que contiene esta hipótesis hilarante y robusta sobre el surgimiento de los fascismos, hay en la obra una serie de satélites temáticos menores que complejizan y suavizan la contundencia de la idea madre. Al modo de un marco paratextual, la pieza también incorpora nociones relacionadas con las problemáticas aborígenes, el espiritismo y el ecologismo.

Fotos de Alejandro Giles y Daniel Grosso

La historia se centra en un floricultor llamado Pascual (Eduardo Calvo), que cultiva el jardín de la mansión que comparte con su madre (la inmensa Cristina Allende). La naturaleza, hinchada de colores, brota por doquier. Pero el conflicto surge cuando una aborigen de improbable nombre germano aparece encadenada en el patio. ¿Ha sido rescatada, por el jardinero, de un derrame nuclear en el pueblo? ¿O es víctima prisionera de un criminal enfermo y su terrorífica madre? La llegada de un comando de ecologistas (Florencia Cappiello y Nicolás Furtado) develará el misterio.

En lo que respecta a la escenografía y los vestuarios, la puesta place por concordancia y precisión. Donde realmente se deslumbra el público es en los efectos visuales: gracias a un inteligente uso de humaredas y luminarias, aunado a los componentes escenográficos citados (plantas, bancos de exterior, herramientas de labranza), la obra ofrece climas de misterio y asombro muy bien logrados.

Uno de los grandes méritos de Té de ceibo (que posee un lenguaje muy refinado y elaborado, gustoso en sí mismo) es el de congregar en un solo relato la casi totalidad de las generaciones de argentinos que conforman nuestra historia. Si bien no en intensidad, al menos en extensión temporal, se encuentran casi todos presentes: los aborígenes pre hispánicos, los señores feudalescos provinciales y sus legítimos primogénitos, la cúpula castrense; y como la posterior generación, la actual, representada por los ecologistas algo tarambanas. La continuidad histórica, temporal, ideológica y de narrativa que establece la dramaturgia es un acierto poco usual en las ficciones contemporáneas, más dadas a lo múltiple y disperso que a la comprensión de procesos macro. Bien por Té de ceibo, que funciona a tantos niveles que es imposible no disfrutarla.


Por Christian Schmirman (ischmirman@gmail.com), PCA OA, Mayo de 2015.

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