
Esperando la cigueña, la (im)posibilidad de concebir
Por Gimena Paroli
Los tiempos han cambiado y hoy, ser padres, se ha postergado. Tanto la mujer como el hombre piensan primero en crecer profesional y laboralmente, o incluso en comprar la casa o el apartamento antes de tener un hijo, un deseo que aparece con el paso de los años. Ni se les ocurre que pueden tener algún tipo de problema para concebir. No imaginan que algo así les podía suceder. Cuando una pareja está buscando un hijo, nunca espera que surjan dificultades. Eso no está en los planes.
Luego de buscar y buscar, cuando el embarazo no llega, aparecen las dudas, la posibilidad de un problema en uno de ellos, o en ambos, al menos en lo que tiene que ver con lo biológico, porque hay otros aspectos a tener en cuenta que tienen que ver con la psique. Se ponen en juegos aspectos conscientes e inconscientes de cada uno.
Se suele recomendar que pasado un año sin lograr el embarazo es momento ya de consultar a un especialista. A partir de allí se realizan estudios en ambos miembros de la pareja que permitirán arribar a un diagnostico y determinar qué caminos seguir. Si efectivamente hay un problema de esterilidad, se abre un mundo hasta entonces impensado para la pareja.
Algunos números. Contrariamente a lo que muchos piensan, en las parejas que no presentan inconvenientes para concebir el porcentaje de embarazo ronda el 25% mensual. No parece ni es un porcentaje alto, y hay que saber que bajan las chances a medida que pasan los años de la mujer, hasta quedar por debajo del 10% después de cumplidos los 40 años.
Así las cosas, el apoyo y la contención es fundamental luego de un diagnostico de esterilidad. Implica una crisis en tanto cambia la realidad conocida o preconcebida hasta ese momento. La búsqueda de un hijo sin lograr resultados positivos genera dolor, angustia y ansiedad en la pareja, y en cada uno de los sujetos (hablando en términos clínicos). Se vivencia y expresa de manera diferente en cada uno.
Hasta ese momento la búsqueda de un hijo era algo natural, sin mayor estrés, como para cualquiera, pero ahora se vuelve un proceso complicado y a veces tedioso, con más o menos obstáculos según las circunstancias y el tratamiento a seguir.
Antes y durante el tratamiento de reproducción asistida, ya sea este de baja complejidad (relaciones programadas, inseminación artificial), o de alta complejidad (fecundación in-vitro), vuelven las sensaciones de ansiedad e incertidumbre, y si no hay resultados positivos, frustración y desesperanza.
Luego de varios intentos sin éxito la angustia se incrementa y es necesario abordarla, trabajar con ella. Un profesional de la salud mental es quien puede brindar herramientas para enfrentar y sobrellevar la situación.
Existe también la presión social o familiar, cuando comienzan las preguntas del tipo: “¿y ustedes para cuando?”, “qué esperan para tener un hijo?” No imaginan el sufrimiento que cada uno atraviesa y lo incómodo que puede llegar a ser esa interrogante.
La pareja puede decidir a quién contarle la situación que atraviesan, para no generar más presión. Se pueden elegir personas que de antemano se sabe que estarán allí para apoyar, pero no para preguntar a cada rato cómo les fue en los tratamientos. Es bueno compartir lo que pasa, porque no es nada malo ni un tabú, y sobre todo no debe generar vergüenza. Porque no solo hay que consultar a un profesional, es bueno contar con alguien de confianza, sea familiar o amigo, y esto implicará no solo prever la respuesta del momento, sino también las reacciones venideras, cuando no haya resultados positivos y también al fin, cuando llegue la buena noticia.
Muchas veces las personas llegan a la consulta, con un analista, planteando que si el hijo no viene por algo será. Piensan que es posible que no haya un deseo real y es por esto la dificultad. Como sea es una cuestión a trabajar porque por el hecho de que no llegue no quiere decir que no haya deseo, no es tan sencilla la interpretación, cada caso es distinto y requiere un abordaje particular.
Jacques Lacan plantea que cuando hay deseo es porque hay una falta, siendo esa ausencia el motor para continuar la búsqueda. ¿Pero cuando esta falta no puede ser colmada? Es ahí cuando surge la angustia, una sensación que puede parecer un callejón sin salida tras cada intento fallido de lograr un embarazo. Pero el deseo que invade a las personas es de tal magnitud que la búsqueda continúa. Y esa búsqueda puede llevar a más angustia, por eso es necesario abordarla con un profesional de la salud mental, para no caer en depresión.
Es fundamental saber que uno no está solo. Tiene el apoyo de profesionales en caso de buscarlo y el amigo o familiares.
“En realidad nadie deja de encargarse a su deseo, aunque su actualización bogue hacia la predicción”, dice Gerard Pommier, y agrega: “El deseo siempre nos hace ceder si es necesario, a través de sus retornos sintomáticos, que le dan, si no ya la palabra, al menos, voz”. Se refiere a que cuando hay un deseo es necesario “perseguirlo”, continuar para lograrlo, si cedemos en él aparecerán síntomas.
Pero ese deseo se puede concretar también por medio de la adopción, que es una opción, antes o luego de los intentos fallidos de embarazo. En todo caso debe ser pensado siempre no como un sustituto de lo que no se pudo tener. El hijo adoptivo es un hijo al igual que el biológico. En cada nacimiento, siempre hay una adopción.