Mirko Zilahy: el crimen, el cáncer y la decadencia de Roma
Mirko Zilahy (Roma, 1974) tiene una mirada melancólica. Esa tristeza es lo primero que se percibe en el encuentro que mantenemos con él en el muelle del Musel de Gijón donde se ubica el festival de la Semana Negra. Ha acudido allí para presentar su primera novela Así es como se mata, un thriller superventas en su país y también una suerte exorcismo del dolor que le provocó la muerte de su madre por un cáncer. Porque eso es lo que bascula en esta novela donde el protagonista es un asesino en serie, pero que se sale de los cauces habituales del género. El paisaje no es la Roma luminosa, sino una ciudad gris, criminal y enferma, y el comisario Manzini tampoco es un italiano que come carbonara y escucha música clásica. Zilahy contesta a las preguntas con calma a sabiendas de que el dolor sigue presente. “Y quizá no se vaya nunca”, admite con los ojos tristes ante un sol que paradójicamente alumbra todo el recinto del festival.
En ‘Así es como se mata’ tenemos a un asesino en serie, pero también a otro como es el cáncer. Es más, puede decirse que causa más violencia este último.
Es el mayor asesino en serie de nuestra época. En los últimos treinta años han muerto cientos de miles de personas en Europa a causa del cáncer. Y también han muerto por tratamientos equivocados. Lo que yo quería contar con esta novela es que a veces la quimioterapia puede llegar a ser peor que el dolor que te provoca la enfermedad. A mí eso es lo que más me ha dolido y lo que me sigue doliendo.
¿La escritura fue una manera de exorcizar el dolor?
Fue un intento. Quise contar las escenas más duras de mi vida, pero al final no me encontré mejor. No había cambiado nada. El dolor siguió allí.
Las novelas negras suelen hablar de la enfermedad de la sociedad. El crimen es siempre un síntoma de que algo está mal. Sin embargo, apenas se toca la enfermedad de los seres humanos. ¿Por qué?
Cuando decidí escribir sobre la enfermedad de mi madre tuve que hacerme daño a mí mismo. Escribir sobre la enfermedad de mi madre me dolió mucho. También le tenía miedo. Me sentía sucio porque pensaba que le estaba haciendo daño a su memoria. Cuando el libro se materializó y lo vendí a la editorial mi ansiedad se hizo más grande porque pensaba que muchas personas leerían este libro y me parecía que estaba traicionando a mi madre, a nuestra vida, a las cosas que teníamos en común.
¿Y qué pensó su familia? ¿Lo vio también así?
Mis hermanas están felices porque conseguí hacer algo que ellas también querían hacer y era mirar a la cara al dolor y transformarlo en algo distinto. Es muy difícil superar un luto así, quizá no se logre hacer nunca, pero ellas están contentas porque yo haya transformado algo doloroso en algo hermoso.
El paisaje de la historia no es la Roma más turística, sino una ciudad grisácea, enferma y fea. Nada que ver con la que Paolo Sorrentino mostró en La gran belleza, pese a la decadencia. ¿Por qué quiso mostrar esta parte de la ciudad?
Roma lleva enferma desde hace 2000 años. Yo la quiero mucho, como puedes querer a tus padres y también sabemos que los padres tienen sus defectos. Roma es sucia y violenta, pero es mi ciudad y la quiero. No quería mostrar los monumentos más bellos porque mi Roma, a nivel urbanístico, habla de ruinas y degradación. La zona que aparece en la novela está en el corazón de Roma, muy cerca de todos estos monumentos en realidad, pero es una zona destruida por la herrumbe, el acero…. Como lector me gusta mucho la novela inglesa de finales del siglo XIX, el Londres Dickens o el Edimburgo de Stevenson, por lo que quería enlazar esta tradición con la Roma actual.
La novela victoriana alude a industrialización de Inglaterra, la precariedad de la pobreza. ¿Lo enlaza con la precariedad actual?
Eso está en la realidad de la ciudad, pero no tanto en la novela. Yo elegí un lugar sombrío porque allí se han producido muertes a lo largo de la historia. Dickens mostró en sus novelas a los niños que tenían que trabajar 20 horas al día y yo he mostrado lugares como el gasómetro porque allí, a finales del XIX, también murió mucha gente trabajando. También estaba cerca el matadero donde morían miles de animales. Y la fábrica de jabones, que envenenó el río Tíber y por eso ahora tiene ese color verdoso. Y la central nuclear, donde murió gente por las radiaciones. En definitiva, las máquinas matan. Son herramientas del poder que acaban sobre todo con los más pobres. Y todo esto sí estaba latente en la novela.
Antes comentaba que Roma lleva 2000 años enferma…
Roma tiene problemas estructurales que van desde la pequeña y la mediana criminalidad a las infiltraciones de la mafia, tiene problemas de suciedad, de carreteras sin rehabilitar. Roma está partida en dos porque por un lado tienes los monumentos y por otro lado tienes esta zona totalmente sombría y oscura.
Ahora acaba de cambiar de Gobierno y ha tomado el bastón de mando una mujer, Virginia Raggi, del Movimiento 5 estrellas. ¿Cree que habrá cambios?
¡Una mujer finalmente! Estoy contento. Debería haber más mujeres políticas en puestos de poder. Pero el problema en Roma es que hay toda una red de amistades, mucho clientelismo… Y ahora no nos queda más que esperar a ver qué pasa. Yo he crecido en una familia de mujeres y creo que vosotras, aparte de las cualidades que tenga cada uno, tenéis una mayor capacidad para cuidar de las cosas y una mayor conciencia. Eso me parece también una cualidad a nivel político.
La novela también aborda el tema de la venganza como justicia, una especie de ley del Talión. ¿Tiene algo que ver con que nuestra sociedad esté rabiosa e indignada y quiera tomarse la justicia por su mano?
En el libro se habla de venganza, pero de mucho más. Es cierto que en estos momentos hay un sentimiento en las personas de hacer justicia. Yo no he querido lanzar ningún mensaje social. Esta es la historia de una venganza personal. Yo no digo que la gente tenga que lanzarse a la calle a hacer justicia o a vengarse de algo, pero sí que hablo de un sentido de justicia que va un poco más allá. Porque yo pregunto: ¿cuál es realmente la justicia? Porque tenemos varias: la justicia del Estado, la de las cárceles, la divina… Y también hay otro tipo de ley que es la ley moral, la de Sófocles en Antígona, por ejemplo. Yo lo único que puedo decir es que yo no puedo juzgar y por eso en mi libro hay una ambigüedad muy fuerte. Matar nunca es justo pero como ser humano puedo comprender la rabia. No la justifico, pero el mal puede estar en cualquiera de nosotros.
El libro está escrito con dolor y con la rabia por la muerte de su madre. Si desaparecen… ¿cómo va a escribir?
Es una buena pregunta porque la rabia ya se ha ido, pero el dolor no. El dolor nunca se va. Ahora estoy intentando entender cómo expresar esa transformación. Qué pasa cuando se acaba la rabia, pero no el dolor. Ese va a ser el tema importante de la novela con la que estoy ahora.
A España cada vez nos llega más novela negra italiana. Parece un buen momento con autores como De Cataldo, Manzini, Carlotto…
Sí, me interesa mucho. Tengo fobia a la copia. Cuando escribí mi libro me estudié a todos mis contemporáneos. Ahora mismo en Italia hay un panorama muy hermoso, con nuevas voces como Sandro Dazieri o Donato Carrisi. Me interesan las historias y las palabras y sí, creo que es un buen momento.