¿Hasta cuándo?

Caminaba paranoica, una sensación extraña había invadido mis pensamientos al llegar a la estación. Sentía, sabía, que no tendría que haber viajado. Tenía frío, demasiado para la cantidad de capas que llevaba puesto. La mochila estaba demasiado pesada, llena de tantos libros y apuntes. Aun cuando la había vaciado un poco. Llevaba uno de los libros en las manos — libro que, al ver la oscuridad de la plaza, abracé.

Decidí obviar Junín. “Está muy oscuro, ¿para qué vengo si ya llego tarde?”, me dije. Así que tomé el camino más “iluminado”, por así decirlo. Ahí fue donde me pidieron la hora. Pero, seguí caminando hasta que la chica del grupo me agarró repentinamente del hombro y me exigió el celular. No se lo di y grité. Grité porque tenía miedo. Grité recordando cada noticia, audio, aviso, que escuché… Chicas secuestradas, golpeadas, violadas…

Tras un puñetazo (o un intento de… ) en mi rostro, caí al piso. Culpé a mi mochila pesada, aunque después le agradecí. Fue entonces cuando empecé a sentir patadas por todo el cuerpo. Para protegerme, me hice “bolita”. Nunca me sentí tan vulnerable. Me cubrí la cabeza como pude, tratando de que no me lastimaran las manos porque me preocupaba no poder ser cirujana (sí, hasta en los momentos más críticos, me preocupo por boludeces) Y, seguí gritando hasta que unos chicos que estaban jugando al fútbol los corrieron. Mientras ellos me defendían, los policías seguían charlando y riendo a tan sólo quince metros. Cuando reaccionaron, ya se habían escapado dos de los cuatro. Uno sigue preso.

El próximo mes se cumple un año. De los golpes, me salvaron los libros y los apuntes, suelo acotar siempre para ponerle un toque de humor. Pero, en parte, es cierto. La “saqué barata”, dirían y lo sé. Después de todo, me habían amenazado con “pincharme”, término que hasta el momento desconocía quizás por mi falta de calle. Pero, ¿por qué tenemos que estar agradecidos después de tanta violencia? Minimizamos porque no nos matan. Y, no digo violan porque no faltan aquellos que piensan ¿Qué tendría puesto? Aparentemente, sólo violan a las “minas”. ¿Cuán justo es que tengamos que vivir así? ¿Cuánto más vamos a tener que soportar? ¿Será hasta que digamos basta o hasta que explote?