Crónica de un vuelo anunciado

Poster por T.WEE Comics CC BY-NC-ND

‘¡Vuela!’ (vuela.cc) es un proyecto de tecnología y ciencia libres en el que hemos trabajado por más de un año. Uno de nuestros objetivos en 2017 fue comunicar lo mejor posible nuestro aprendizaje, en parte para forzarnos a revisar y analizar de forma continua y consistente qué iba funcionando y qué no. Pero nos perdimos entre cables y baterías. Este año sin embargo, nuestros objetivos con Vuela son algo distintos, más complejos, y por lo tanto poner por escrito lo que venimos aprendiendo parece imperativo. En esta primera crónica, describo cómo y por qué decidimos iniciar este proyecto. Los errores, aciertos, y aprendizajes específicos vendrán en los siguientes artículos.


Salir volando por la ventana (de oportunidades)

Lo de construir y volar un dron de código abierto no fue un simple capricho, sino el resultado de lanzarnos por una ventana de oportunidad. Antes de comenzar Vuela con Gustavo, desde marzo a julio de 2017, Jeffe Van Holle y yo habíamos trabajado en una serie de talleres experimentales cuyo objetivo era explorar cómo ir ganando capacidades para apropiarse del espacio público físico y digital, entre grupos tradicionalmente segregados. La última iteración, con financiamiento de Hivos, Baltan Laboratories y el apoyo de muchas otras, había sido construir luces sin batería en un barrio de la periferia de Melipilla (ver blog). Inesperadamente, a estos talleres llegaron principalmente inmigrantes, todas ellas haitianas/os, habitantes recientes del barrio.

Durante aquel proceso, las hipótesis que nos guiaban eran que muchas de las divisiones y relaciones sociales y económicas que observamos en el espacio físico se reproducen en el espacio digital o tecnológico. Que el empoderamiento de grupos segregados requiere abordar las barreras en ambos espacios, lo que a su vez implica que quienes experimentan segregación adquieran (y actúen en función de) nuevas capacidades digitales y tecnológicas. Estas hipótesis continuaron estando a la base del posterior trabajo con Vuela.

Mientras construíamos luces con motores rescatados de impresoras y botellas plásticas, los temas que rondaban nuestras cabezas tenían que ver con aprendizaje colaborativo, con cómo construir objetos a partir del conocimiento de muchos, especialmente de aquellos de los que usualmente se presume no poseen conocimientos relevantes. Por suerte, en marzo de 2017 habíamos participado de un encuentro por el hardware científico abierto en Santiago de Chile (Global Open Science Hardware o GOSH), y comenzado a tejer redes con personas a quienes les rondaban estos mismos temas. Una vez que Jeffe volvió a terminar sus estudios en Holanda, la pregunta fue cómo continuar experimentando en función de lo aprendido y las hipótesis mencionadas.

Parte de la respuesta provino de Gustavo, a quien conocí en GOSH, el que un día me envía un artículo sobre un drone de código abierto que parecía fácil de construir. Quizás podríamos comenzar a experimentar con drones. Y bueno, no parecía tan descabellado. Gustavo venía trabajando hace un tiempo en Argentina con drones de código abierto en agricultura, aunque nunca había construido uno. Su sugerencia fue trabajar a partir de un proyecto existente, llamado Flone (“Flying Phone”, flone.cc). En los talleres previos habíamos experimentado de primera mano cuán perjudicial resultaba no tener la documentación en idiomas locales y la documentación del Flone estaba en español: gran punto a favor.

Otra parte de la respuesta provino de una amiga, (a quién yo había conocido en Twitter un año antes) quien sugirió que postuláramos a una conferencia llamada “Conocimiento/Cultura/Ecologías” (Knowledge/Culture/Ecologies o KCE), con un taller práctico. Quizás así podríamos conseguir financiamiento. Se iba abriendo la ventana.

Así, con Gustavo propusimos a KCE hacer talleres en los barrios de la misma periferia en la que habíamos trabajado, pero esta vez construyendo drones. Queríamos explorar, usar tecnología para incursionar en el espacio físico, y luego digitalizar y estudiar el espacio digital a través de imágenes aéreas. Los drones parecían una buena excusa para conversar sobre a quién le pertenece la tecnología, quién usa y define el espacio, quiénes pueden volar, quiénes no, y por qué. La propuesta incluía una serie de talleres de fabricación, y un taller final con investigadores de KCE y con quienes para entonces habrían fabricado y volado el Flone.

Flones trasandinos

El Flone es un dron de software y hardware abierto creado por Aeracoop, fácil de construir, volar, reparar y modificar. Cuando uno de los co-organizadores de KCE, el Núcleo Milenio de Energía y Sociedad (Numies), confirmó su apoyo en recursos, compramos componentes en China (vía internet) y comenzamos a planear los talleres de fabricación, los que acabarían con el taller entre investigadores de KCE y nosotros, la auto denominada Tripulación (ver video). Gustavo desde Argentina nos comenzó a llevar la delantera en la construcción, para ir reconociendo obstáculos en el camino. Fueron clave sus videos de fabricación; bastaba verlos para que varios de los participantes que no hablaban español o inglés pudieran seguir el proceso. Sin esa adelantada nos habría tomado mucho más tiempo completar el Flone. Y llegamos al 18 de noviembre, el día del taller final, habiendo construido entre mucha gente nuestro primer drone, al que llamamos Meliflone. Estábamos listos para volar.

Estrellarse y rápido levantarse

Ese día tuvimos nuestro primer vuelo. También tuvimos nuestra primera estrellada. Gracias a lo que habíamos aprendido en el proceso, hicimos la reparación in-situ y volvimos a volar, y también nos grabamos desde arriba. Pero estrellarse no fue lo único que falló: nos faltó construir otros 2 Flones que teníamos previstos, las imágenes que tomamos no fueron buenas, y nos faltó practicar vuelo a muchos de la Tripulación, principalmente a las mujeres. Pero teníamos ganas de seguir volando.

Hacia el final de este proceso, un problema local específico fue definido por algunos de los miembros de la Tripulación que habitan el barrio, y resultó ser uno de los principales temas de conversación entre los habitantes/fabricantes y los investigadores de KCE durante el taller final. El Meliflone podría eventualmente servir como herramienta para atacar tal problema.

Volar más alto

Los varios aprendizajes (que trataremos en los siguientes artículos), junto con los resultados de nuestro primer vuelo, nos llevaron a decidir mejorar el Flone. Es por eso que en la actual etapa, financiada por una mini subvención de Mozilla Science Lab, buscamos contribuir a uno de los objetivos claves de GOSH. Este es el de garantizar el acceso a los instrumentos necesarios para que diversos grupos puedan hacer y beneficiarse de la ciencia (y la tecnología). Estamos desarrollando un prototipo de kit de herramientas para hacer ciencia abierta con drones, accesible por igual para comunidades marginales, activistas, o investigadores, y útil para estudios o relevamientos que necesitan de imágenes aéreas. Los drones ya no son poco usuales en investigación o activismo, pero en su mayoría se trata de drones de código cerrado. Y éstos, cuando se destruyen/estrellan (inevitable al volar), pueden tardar meses en ser reparados por sus empresas fabricantes.

La palabra “¡Vuela!” surgió cuando estábamos haciendo los carteles para invitar a los vecinos a participar en los talleres. Decidimos adoptarla como título del proyecto, ya que queremos que éste sea una invitación abierta y permanente a volar. Volar literalmente, pero también entendido como metáfora de superar barreras, animarnos todas a actuar colectivamente, metiendo las narices y manos en la tecnología y en la ciencia.